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Wednesday, March 15, 2017

La prensa oficial y el arte de dorar la píldora

La prensa oficial y el arte de dorar la píldora
REINALD ESCOBAR, La Habana | 14/03/2017

Después de desmenuzar varias ideas para escribir en este Día de la
Prensa en Cuba, he preferido compartir con los lectores de este blog un
extracto de una novela inédita y autobiográfica donde relato las
peripecias de un periodista en las postrimerías de los años 80 del siglo
pasado.
Es el mejor testimonio que tengo a mano para ilustrar el arte de "dorar
la píldora" que durante años ha caracterizado a la prensa oficial y que
tanto menoscabo provoca a nuestra profesión. Espero que lo disfruten y
comprendan mejor el porqué decidí asumir los riesgos de ser un
periodista independiente.

La complicada tarea de contar la verdad

Antes de salir hacia la fábrica, el periodista fue advertido por el jefe
editorial del interés del Gobierno en que la revista Cuba Internacional
difundiera la calidad de los acumuladores que se producían en su línea
de montaje.

Cuando Antonio y Juan Carlos, el joven fotógrafo, anunciaron su
presencia en la industria, el custodio de la puerta realizó dos
llamadas. La primera a la Dirección y la segunda a un colega para
advertirle: "Oye, dile a Cuco que llegaron los periodistas, que se
apure...".

Al poco rato apareció un empleado y les pidió que lo acompañaran a la
oficina del director. También llegó Cuco, quien con la voz temblorosa se
dirigió a Antonio:

–Periodista, soy el compañero del sindicato: quisiera que hable con
nosotros antes de irse.

–Desde luego –aseguró el reportero.

El empleado administrativo cruzó una dura mirada con el dirigente
sindical y le enfatizó a los recién llegados el gesto de que lo siguieran.

El despacho al que entraron contaba con una maqueta que reproducía toda
la instalación. Frente a ella los esperaba el director que les presentó
a un ingeniero con un puntero en la mano y que les explicó el proceso
industrial.

Juan Carlos tomó un par de fotos del modelo a pequeña escala y otras de
la vitrina con los tipos de acumuladores que la fábrica era capaz de
producir. El ingeniero les anunció que visitarían dos secciones: el
laboratorio y la cadena de ensamblaje.

–También queremos pasar por el área de los componentes químicos y los
almacenes –dijo Antonio.

–Para eso no tenemos autorización –sentenció el ingeniero.

Al llegar al laboratorio vieron una gama de sofisticados instrumentos
que permitían hacer un diagnóstico de la calidad de lo producido y de
las condiciones de la materia prima.

A petición de Juan Carlos, dos muchachas sonrientes se colocaron frente
a los aparatos como si los estuvieran manejando. Minutos después pasaron
a la cadena de ensamblaje para organizar "una propuesta de portada".

Juan Carlos eligió un ángulo en el que entraban el inyector del embalaje
plástico y la estera con los acumuladores terminados. Al fondo, un
montacargas, congelado para la instantánea, rellenaba un contenedor.

–¿Qué te parece? –le preguntó al periodista.

Todo estaba perfecto, limpio y en orden. La imagen ofrecía una evidente
sensación de eficiencia y modernidad, pero Antonio se percató de que
sólo había dos acumuladores sobre la estera.

–¿No podríamos poner más? –preguntó al ingeniero.

–El número de piezas terminadas es un índice de nuestro ritmo productivo
–aseguró el especialista.

–¿Y cuánto sería lo óptimo? –indagó el informador.

–Algún día tendremos entre cuatro y seis piezas en este mismo tramo
–recibió como respuesta.

–¿Podemos poner cinco?

–Sí –dijo el ingeniero de turno– hasta cinco.

Después de la sesión de fotos, Antonio inquirió por Cuco.

–Trabaja en el área de componentes químicos y no podemos pasar, pero se
lo voy a mandar a buscar.

El dirigente sindical llegó más calmado.

–Faltan diez minutos para el almuerzo –dijo–. ¿Me aceptarían una
invitación al comedor? – así conversamos.

La primera sorpresa fue comprobar que los obreros no comían donde el
ingeniero de turno había indicado con el puntero sobre la maqueta
mientras lo calificaba como "un amplio, iluminado y ventilado salón con
mesas y sillas confortables", sino en una nave cerrada, de las
destinadas originalmente a almacenar los productos terminados.

Cuco comenzó sin rodeos.

- "No sé si sabe que esta fábrica estuvo 11 años construyéndose. Una
noche llegó una caravana y con una gran grúa bajaron las maquinarias.
Las dejaron al aire libre, porque no había un solo lugar bajo techo.

En los tres años que estuvieron allá afuera las tablas de las cajas se
las llevaron los vecinos. También arrancaron los relojes, los bombillos,
los cables eléctricos, las tuercas y los tornillos. No quedó ni un solo
rodamiento, pues todos fueron a parar a carriolas, bombas de agua o
autos viejos.

Un día llegó la orden de terminarlo todo en seis meses. Dos horas antes
de la inauguración los voluntarios del Comité Municipal del Partido
escondieron los escombros y sembraron a toda velocidad el jardín. Entre
ellos estaban varios de los depredadores que acabaron con las máquinas
cuando parecían abandonadas.

El artista que pintó el retrato del mártir, cuyo nombre lleva la
fábrica, estuvo catorce horas sin bajarse del andamio. Por eso el
retrato resultó estrábico y con el bigote caído hacia la izquierda. La
madre del héroe estuvo a punto de armar un escándalo por cómo habían
dejado a su hijo.

Con el apuro no construyeron los baños de los trabajadores, no
terminaron el comedor ni se colocaron los extractores en el área de
componentes químicos. Tampoco se hizo el tanque de procesamiento para
los desechos tóxicos y ahora los desperdicios se vierten en una laguna
donde antes había peces y ya no quedan ni mosquitos".

Antonio escuchó la historia en silencio.

–Todos esos datos que usted copió en su libretica son reales, pero le
apuesto cualquier cosa a que en ningún momento le hablaron de lo
producido, sino de lo que la fábrica es capaz de hacer. Usted sólo habrá
oído de potencialidades, no de resultados alcanzados.

Antonio abrió su agenda. Efectivamente, antes de cada cifra aparecía
alguna de estas fórmulas: "Cuando la instalación esté en pleno
funcionamiento podrá alcanzar...", "Estamos diseñados para producir...",
"La línea tiene una capacidad máxima de..." pero ni una palabra de lo
que se estaba produciendo.

–¿Y cuál es la realidad? –preguntó.

–Que se está haciendo en un mes lo que la fábrica debe producir en una
semana. Debiéramos confeccionar por lo menos seis modelos y sólo estamos
fabricando dos.

–¿Y los que están en la vitrina de exposición? –preguntó contrariado el
reportero.

–Esos vinieron como muestra junto a las maquinarias.

Cuco siguió.

-¿Usted nos quiere ayudar? Entonces publique la verdad. Su artículo
pudiera jugar un papel muy importante para mejorar nuestras condiciones
de trabajo –clamó el sindicalista.

- Nuestra revista ha recibido el encargo de elaborar un reportaje para
captar compradores en el extranjero –se justificó el reportero– Sólo
puedo hablar del lado bueno.

Cuco miró el reloj. No le faltaban deseos de preguntarle a Antonio si
conocía a algún periodista a quien le pagaran por decir la verdad, pero
intuía su falta de culpa en el asunto y sólo alcanzó a despedirse con
una frase:

–No se busque problemas por nosotros, periodista, y ojalá que pueda
dormir tranquilo.

Antonio hubiera preferido ser insultado. Le habría gustado decir que
prefería respirar veneno en el área de elementos químicos antes que
edulcorar la realidad que el dirigente sindical pretendía denunciar.

Pero era falso. Le pagaban por "dorar la píldora" y no sólo le pagaban
bien, sino que le exigían solo tres o cuatro trabajos al mes. Encima
recibía dietas de comida y dinero en efectivo para transportación. Su
puesto le servía también para hacer relaciones en muchas partes y ganar
prestigio entre quienes estimaban como algo envidiable una plaza de
periodista en la revista Cuba Internacional.

No trabajaba en aquella publicación para contar la verdad, sino para
contribuir a maquillarla.

Source: La prensa oficial y el arte de dorar la píldora -
http://www.14ymedio.com/blogs/desde_aqui/Dia_de_la_Prensa_en_Cuba-Reinaldo_Escobar-14ymedio-novela_autobiografica_7_2180851894.html
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