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Monday, March 13, 2017

A dónde conduce tanta represión?

¿A dónde conduce tanta represión?
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 13 de Marzo de 2017 - 08:34 CET.

La fórmula de Raúl Castro para desempeñarse como jefe de jefes de Cuba,
desde que heredó los cargos de su hermano, y sin poseer la verborrea
oratoria de aquel, se basó hasta ahora en el clásico equilibrio del palo
y la zanahoria: combinar la represión con "reformas" bien recibidas por
la población. Pero ese equilibrio ya no existe. Fue roto por el propio
dictador, que ahora solo da palos, sin zanahorias.

La consigna de "sin prisa, pero sin pausa" devino "represión con prisa y
sin pausa" debido a factores que convencionalmente yo llamaría objetivos
y subjetivos.

Factores objetivos y subjetivos

Entre los objetivos hay que destacar la devastadora crisis en Venezuela,
mecenas del castrismo, el fin del padrinazgo político internacional que
le dio el presidente Barack Obama al general Raúl Castro, la gradual
desintegración del populismo radical de izquierda nacido en el Foro de
Sao Paulo y llevado a la práctica por Hugo Chávez, Fidel Castro y sus
discípulos de varias naciones, la baja en los precios de las materias
primas que exporta o reexporta la Isla, la resistencia cada vez mayor de
los opositores políticos y defensores de los derechos humanos, o la
reticencia de los inversionistas extranjeros a arriesgar capital en
Cuba, un país con leyes estalinistas de los años 30.

La Habana contaba con ver a Hillary Clinton en la Casa Blanca y que las
relaciones Cuba-Washington mejorarían a base de nuevas concesiones
unilaterales de Estados Unidos y mayor presión que nunca sobre el
Congreso para levantar el embargo. La élite político-militar castrista
no estaba preparada para una derrota de Clinton.

De las razones de tipo subjetivo son tres las más evidentes: 1) la
incapacidad de Raúl Castro y de sus colaboradores para enfrentar
situaciones de crisis; 2) el carácter reaccionario de los jerarcas
"históricos", aún al mando y que se resisten a aflojar la mano siquiera
para imitar a China o Vietnam; y 3) la orden al parecer dada por el
dictador a su ministro del Interior, Julio César Gandarilla, de acabar
con la oposición política y la sociedad civil antes de que él abandone
la presidencia del país el año próximo.

Infierno totalitario

Aunque la Administración Trump aún no ha esbozado su política hacia
Cuba, no hay que consultar una bola de cristal para atisbar que, aun si
en lo comercial todo se mantuviese igual, ya la dictadura no contará más
con respaldo político ni con concesiones de Washington a cambio de nada.
En el ámbito político y diplomático EEUU se va a enfrentar a La Habana y
va influir en otros gobiernos para que, al menos, disminuyan o no
continúen el "deslumbramiento" con Raúl Castro.

En medio de esta nueva coyuntura internacional, el de Castro acaba de
ser clasificado como el único gobierno autoritario de todo el hemisferio
por el grupo británico The Economist. Y el diario The Wall Street
Journal calificó a Cuba de "infierno totalitario".

Todo ello disgusta y asusta al dictador y su gente, que intentan
aparentar lo contrario. Perciben no solo que son más débiles, sino que
se han complicado sus planes para realizar con respaldo financiero la
transición a un régimen neocastrista de capitalismo de Estado, con
rasgos rusos, chinos y fascistas.

Así las cosas, el general Castro hace lo que mejor sabe hacer —más bien
lo único— y en lo que tiene sobrada experiencia, reprimir, y matar si
tiene que matar. Y viste a los esbirros de civil para cuando repriman en
las calles parezca que es el "pueblo indignado" que responde a las
"provocaciones de la contrarrevolución". Teme que se resquebraje el
control patológico que ejerce sobre la sociedad.

En medio de todo esto la crisis económica y social se torna ya
insoportable, crece el descontento popular. Y la suspensión de la
política de "pies secos, pies mojados" trunca la esperanza de muchos
cubanos que aspiraban a emigrar a EEUU.

Como ha ocurrido en los países comunistas, para que haya cambios
políticos que conduzcan a la democratización es necesario que haya una
ruptura arriba, en la cúpula político-militar. A falta de una
perestroika, en el caso castrista para que se produzca esa ruptura
desencadenante de acontecimientos políticos debe haber presión interna y
también externa. Las condiciones para ambas ya se comienzan a perfilar.

En lo externo, la presión debe ser principalmente de EEUU, el mayor
proveedor de divisas de Cuba, vía remesas y viajes a la Isla —el monto
de unos $6.000 millones ya debe haber superado las subvenciones
venezolanas—. Es muy poco probable por ahora el levantamiento del
embargo, que ya el régimen veía al doblar de la esquina. Eso desalienta
la inversión de capital extranjero —ya inapetente debido a las
draconianas leyes anticapitalistas—, que además necesita que sean
liberadas las fuerzas productivas. Ni siquiera China, Rusia o Irán
invierten en grande en Cuba.

En lo interno, la propia dictadura se encarga de aumentar la presión con
su escalada represiva, que sin embargo no detiene la lucha de los
opositores y defensores de derechos humanos. Todo lo contrario.

Temor a las redes sociales

Por otra parte, la dictadura está alarmada por el poder creciente de las
redes sociales para difundir información interna y externa. La gente se
entera de "lo que no debe". En el PCC están preocupadísimos por el
desafío de las nuevas tecnologías para el secretismo informativo y la
propaganda política castrista. Y tratan de tapar los huecos por donde le
entra agua a un bote que irremediablemente se va a hundir.

En tanto, en La Habana solo el anuncio de una huelga de taxistas
privados asustó tanto a la cúpula político-militar que desplegaron
fuerzas represivas por toda la ciudad, e incluso en algunos barrios
fueron a las casas de los taxistas para obligarlos a trabajar. Pusieron
en el transporte público ómnibus de escuelas y fábricas. En Santa Clara
tuvo éxito una huelga de cocheros y carretoneros. Ante la prohibición de
recoger pasajeros dentro de la ciudad, 200 de ellos pararon sus
servicios y las autoridades de la ciudad dieron marcha atrás.

La incapacidad para manejar crisis profundas se advierte, por ejemplo,
en que habiéndose agravado drásticamente la crisis económica lo
razonable sería estimular a los cuentapropistas y no obstaculizarlos. El
pensamiento jurásico del dictador y su equipo de Gobierno impide actuar
con pragmatismo.

¿A dónde conduce semejante conducta de la actual dirigencia política
castrista? Puede haber diferentes respuestas, pero salta a la vista que
la nomenklatura se atrinchera en su carapacho militar, mientras aumenta
la pobreza y la desesperanza de la gente.

Algunos se preguntan cómo en 2018 un Miguel Díaz-Canel, o cualquier otro
jerarca que sea designado, va a recibir el cargo de presidente del país
en medio de una convulsión social y política, aun cuando es sabido que
el poder real seguirá en manos de Raúl Castro como primer secretario del
PCC.

Los cocheros y carretoneros villaclareños que ganaron su huelga y los
taxistas habaneros contribuyeron a que muchos cubanos se vayan
percatando de la fuerza que tienen, y de que no hay por qué obedecer sin
chistar todo lo que decidan el gobierno y el PCC.

Moraleja: el propio castrismo está creando una tormenta que más temprano
que tarde va a tener consecuencias. La crisis terminal de la nación
puede tener un final diferente al que cree el dictador.

Source: ¿A dónde conduce tanta represión? | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1488496625_29367.html
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