Pages

Thursday, November 10, 2016

La crónica que Ciro no se atreve a escribir

La crónica que Ciro no se atreve a escribir
El escritor Lezama Lima no ocultaba entre amigos su desprecio a Fidel Castro
Jueves, noviembre 10, 2016 | Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba.- Sin caer en la inmodestia, debo decir que tuve grandes
y excelentes amigos. Grandes no porque fueran de gran estatura, sino
porque poseían talento y sabiduría.

Si dijera sus nombres no tendría para cuando acabar: el poeta Francisco
Riverón Hernández, el periodista Bernardo Viera, los escritores Luis
Marré, Heberto Padilla, Belkis Cuza Malé, Nicanor Parra, Joaquinito
Ordoqui, Ricardo Bofill Pagés, Ernesto Díaz Rodríguez, los pintores
Rubén Moreira, José Cid, Mario Gallardo y Jesús de Armas, y muchos otros
que siguen vivos en mi memoria, pese a que casi todos están muertos.

Ciro Bianchi Ross (1948) no fue uno de mis últimos amigos de los
llamados "años revolucionarios". Luego vinieron otros que, por
desgracia, están en el exilio de Miami, ex presos políticos plantados
que perdieron gran parte de su vida por la Patria.

A Ciro lo conocí a finales de 1971, cuando anduvimos unos meses como
parias, casi excluidos de la sociedad castrista, porque en aquellos
momentos no teníamos un trabajo fijo y muy poco dinero para comer. Ciro
siempre en busca de algún órgano de prensa que aceptara sus escritos y
yo recién había quedado fuera de la Revista Bohemia, por cuestiones
ajenas a mi voluntad.

Lo recuerdo de estatura napoleónica, de carácter mordaz, de pocas
palabras e incluso tímido por lo general.

Pero me resultó simpático, siempre obsesionado por visitar a José Lezama
Lima, con el andar apresurado pese a sus pasitos cortos cuando
recorríamos la calle Trocadero, el Paseo del Prado o Galiano, en busca
de algún libro interesante o de una pésima pizza hecha en un timbiriche
estatal.

Hace poco vi que el periódico Juventud Rebelde homenajeó a Ciro, con un
cake de cumpleaños, porque el 5 de noviembre se cumplió "una década y
media de su colaboración", puesto que no faltó en entregar sus escritos
cada domingo en dicho órgano oficialista.

Se equivocó el autor del comentario, quien primero dijo que se trataba
de quince años, fecha exacta en que comenzaron a salir sus crónicas,
guardadas muchas de ellas en mi archivo personal. Lo llama "el hombre de
hierro de las letras" porque saltó vallas y obstáculos —imagino cuáles,
pues carecemos de libertad de prensa—, pero yo lo llamaría un buen
acróbata que ha bailado en puntas de pie, para no hacer ruido, sobre una
cuerda floja carente de protección.

Y lo llamo así porque este buen cronista de viejas anécdotas, en más de
cuarenta años no se ha atrevido a escribir la que yo sí he escrito —no
tan bien como él— más de una vez, cuando el autor de Paradiso soltó una
bomba atómica entre nosotros tres y, en vez de entrar en pánico, Ciro
soltó durante largos segundos las más estruendosas y ya legendarias
carcajadas y yo me quedé en éxtasis, esperando lo peor.

La historia fue así: Accede el Maestro a dedicarme el libro de su poesía
completa. Cuando me lo entrega, veo que se equivoca con mi segundo
apellido. En vez de poner Castro, pone Cruz.

"Lezama, usted se equivocó. Yo no soy Cruz", le dije.

Lezama respondió, mirando fijamente a los ojos de Ciro, luego a los
míos: "Sí, lo sé. Por aquí tengo su libro, pero, ¿sabe lo que ocurre?
¡Es que ese Castro me ha caído siempre tan mal!"

Source: La crónica que Ciro no se atreve a escribir | Cubanet -
https://www.cubanet.org/opiniones/la-cronica-que-ciro-no-se-atreve-a-escribir/
Post a Comment