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Friday, October 21, 2016

Seguirá siendo Cuba la isla de la música?

¿Seguirá siendo Cuba la isla de la música?
De nuestra cultura y su universalidad
Jueves, octubre 20, 2016 | Alberto Roteta Dorado

FORT PIERCE, Estados Unidos.- Dejando a un lado los excesos de
nacionalismos, pero reconociendo lo que indudablemente es motivo para
sentirnos orgullosos, hemos de admitir que la cultura cubana, cuyo día
celebramos hoy, ha engrandecido la universalidad de Cuba.

De manera increíble, en un pequeño territorio bien distante del viejo
mundo y solo con vestigios aborígenes culturales que muy pronto se
extinguieron en el tiempo, Cuba ha podido mostrar las grandezas de su
arte a través de la pintura, la escultura, la danza, y de manera
particular de su música.

En la primera mitad del siglo veinte algunos pintores de formación
académica enmarcada en los cánones de la tradición, se abrieron paso en
Europa para salir triunfantes y colocar a la pintura cubana en sitio
cimero. Víctor Manuel, Abela, Amelia Peláez, Pogolotti, Carlos Enríquez
y Lam iniciaron el vanguardismo en Cuba con obras que sobrepasando lo
aprendido en la academia lograron situarse a la altura de sus
contemporáneos del viejo continente.

En 1948 se constituía y muy pronto se consolidaba el Ballet Alicia
Alonso, luego Ballet Nacional. Alicia, bailarina ejemplar, triunfaba en
los Estados Unidos. Luego surgía ante el mundo la Escuela Cubana de
Ballet con sus emblemáticas cuatro joyas: Mirtha, Josefina, Aurora y
Loipa, las que iniciaron un camino que continuaron luego grandes
estrellas de relevancia mundial.

No obstante, ha sido a través de la música que Cuba ha logrado su mayor
trascendencia. Desde la refinada obra de Ernesto Lecuona hasta la gracia
interpretativa de Celia Cruz, la música ha sido el símbolo de la isla
por más de un siglo.

En la llamada música culta o de concierto, durante las primeras décadas
del pasado siglo, lograban abrirse paso en países de Europa y Estados
Unidos dos jóvenes talentos que intuitivamente supieron apropiarse de la
magia de los ritmos africanos arraigados en Cuba y llevarlos a terreno
del sinfonismo. Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla iniciaron un
movimiento de marcada contemporaneidad conocido como afrocubanismo.
Obras como La Rumba, Bembé, Obertura Cubana, Tres Danzas Cubanas y
Primera Suite de García Caturla y La Rebambaramba, Tres Pequeños Poemas
y Rítmicas de Roldán, alcanzaban el reconocimiento de la crítica
especializada y del público.

Pero la verdadera explosión de nuestra música ha sido en la variante
popular. Ernesto Lecuona, sin abandonar del todo su labor como
concertista ni su creación musical de una factura más elaborada,que con
frecuencia se insertaba en los cánones de lo clásico, fue capaz de
difundir la música popular cubana por parte del mundo. Las grandes
temporadas que protagonizaba con su compañía de revistas musicales por
América y Europa le abrieron paso a figuras como Rita Montaner, Bola de
Nieve y Esther Borja, que luego alcanzarían notoriedad internacional.

Obras como El manisero, Para Vigo me voy, Mama Inés, Siboney y Mesié
Julián se repetían en teatros y centros nocturnos para un público
exigente, que más allá de lo exótico supo captar la grandeza de una
música única en el mundo. Compositores como Moisés Simons, Eliseo y
Emilio Grenet, Jorge Ankermann, Luis Casas Romero, y el propio Lecuona y
Bola de Nieve, los que además fueron notables intérpretes, aportaban al
panorama sonoro de la isla un grupo de obras que aún se interpretan en
Cuba y parte del mundo.

El son como modalidad musical se insertaba sutilmente hasta su
definitivo triunfo en los principales salones habaneros. El Trío
Matamoros, el Septeto Habanero, posteriormente el Septeto Ignacio
Piñeiro y el Conjunto Los Naranjos, entre otros, se imponían con un
repertorio de obras soneras de Matamoros y Piñeiro, las que competían
con canciones trovadorescas de Alberto Villalón, Manuel Corona, Sindo
Garay, Oscar Hernández, Eusebio Delfín y María Teresa Vera.

Nuevas variantes genéricas como el mambo y el chachachá nacían para
crecer entre danzas, danzones y danzonetes. Músicos de meritoria
formación se sintieron atraídos hacia las modalidades populares y
crearon varias obras emblemáticas en estos géneros, destacándose Dámaso
Pérez Prado, quien hizo época principalmente en México con el mambo, así
como Enrique Jorrín y Richard Egües en el chachachá.

Agrupaciones como la Sonora Matancera, Aragón, América y los conjuntos
Arsenio Rodríguez y Félix Chappottín, entre otros, llevaban por el mundo
los contagiosos ritmos cubanos. En la década del setenta, la Orquesta
Cubana de Música Moderna, institución de la que surgieron estrellas como
Paquito de Rivera, Enrique Plá y Arturo Sandoval, y el Grupo Irakere,
dirigido por el excepcional pianista Chucho Valdés, trascendieron con su
estilo y difundieron el jazz dentro y fuera de Cuba, destacándose no
solo en su línea interpretativa, sino como acompañantes de destacados
solistas como Leo Brouwer, Frank Emilio Flyn, Sonia Silvestre, Farah
María, Elena Burke y Ela Calvo.

En la canción alcanzaron notoriedad algunos compositores en la línea del
filin. Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Martha Valdés, Ángel
Díaz y Ñico Rojas entregarían para la posteridad obras de inigualable
lirismo, algo que continuaron jóvenes que, con guitarra en mano,
conquistaban la emoción de múltiples seguidores, aunque lamentablemente
algunos dispersaron su talento bajo el influjo de un socialismo que se
impuso recién nacida la llamada revolución cubana. Otros prefirieron
mantenerse al margen y continuar una línea temática que excluía la
política del régimen, entre ellos los poco recordados Mike Porcel y
Santiago Feliú.

En los setenta, la proyección internacional se alcanzaba a través de dos
jóvenes intérpretes que conquistaban grandes premios en importantes
festivales internacionales. Aún recordadas en el mundo, Farah María y
Argelia Fragoso han sido las cantantes más premiadas, algo que les
permitió luego desarrollar sus carreras en Europa. Los festivales Orfeo
de Oro de Varna, Lira de Bratislava, Canción de Yamaha en Japón, Dresde
de Alemania, Sopot en Polonia, entre otros, las distinguían entre una
multitud de intérpretes del mundo.

Sin embargo, desde el inicio de la década del ochenta resulta patente un
estancamiento de lo que prometía ser un verdadero fenómeno cultural.
¿Seguirá siendo Cuba la isla de la música?

Ese ímpetu arrollador se extinguía en las últimas décadas del siglo XX.
La llegada del nuevo siglo traía ritmos y géneros para el mundo y como
es lógico, Cuba no escapó de su influencia. A la dureza armónica y casi
ausencia de verdaderas líneas melódicas, se une la mediocridad de unos
lamentables textos que muchas veces no llegan a entenderse ante la
pésima dicción de sus intérpretes y la marcada estridencia, que como
artefactos sonoros, sobresalen a unas voces que jamás fueron educadas en
el arte de la impostación.

A esto se une una gestualidad desenfrenada que se mueve entre la
agresividad y la vulgaridad, lo que constituye un elemento determinante
junto a las nuevas formas surgidas, muy distantes de las llamadas raíces
cubanas —que al parecer fueron la clave del éxito para la proyección
ante el mundo—, lo que ha hecho que la música popular cubana actual no
goce de la misma suerte que tuvo en el pasado.

No es que todo lo tratemos de relacionar con la política cubana y su
sistema comunista de gobierno, pero sí hemos de cuestionarnos por qué la
época de la llamada explosión de los ritmos cubanos ante el mundo fue en
la primera mitad del siglo. Podría ser algo circunstancial, pero nadie
podrá negar que las limitaciones, no solo las materiales —que han sido
muchas— sino la ausencia de libertad creadora, la imposibilidad para
firmar contratos, de tener disqueras disponibles y otras formas para
poder difundir libremente el trabajo de los artistas, han podido influir
negativamente en una frustración de lo que prometía ser un verdadero
fenómeno musical y lamentablemente se detuvo después de 1959.

Habría que cuestionarse también por qué todos los artistas cubanos que
hacían presentaciones y cumplían contratos en el extranjero regresaban a
Cuba antes de 1959, algo que lamentablemente no fue así en las últimas
décadas, en que la mayoría de los grandes músicos abandonaron su patria
para siempre o solo regresan a ella de forma temporal como visitantes.
Recordemos a figuras de excepcionales cualidades que han desarrollado
sus carreras en otros países: Paquito D'Rivera, Arturo Sandoval, Joaquín
Clerk, Alberto Joya, Ramón Calzadilla, Alina Sánchez, entre otros.

El hecho de que unos pocos artistas actuales, con uno o dos temas,
lograran cierta notoriedad, no da la real medida de una aceptación de
las tendencias. Se trata de sucesos aislados que en breve van quedando
en el olvido; aunque nuestra música seguirá siendo reconocida, tal vez
no en las modalidades actuales, sino a través de los ya consagrados que
merecen ser recordados en el día de la Cultura Cubana.

Source: ¿Seguirá siendo Cuba la isla de la música? | Cubanet -
https://www.cubanet.org/colaboradores/seguira-siendo-cuba-la-isla-de-la-musica/
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