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Tuesday, October 18, 2016

Montañas de Baracoa en el nuevo paisaje mediático

Montañas de Baracoa en el nuevo paisaje mediático
MAYKEL GONZÁLEZ VIVERO | Sagua la Grande | 18 de Octubre de 2016 - 05:59
CEST.

Pese a las distracciones gráficas que algunos agitan —banderitas,
escarapelas, fotos de grupo, selfies en el mirador—, en Baracoa solo
hubo una inconveniencia política, un crimen: la detención de una decena
de periodistas. Lo demás no hay que atenderlo ni juzgarlo; es viñeta, no
historia.

Todo se hizo según la lógica de la misma censura, pero con recursos
extremos: calabozo, incomunicación, arresto domiciliario, carro-jaula.
El incidente se recordará por su desbordamiento. Estrenó Baracoa, cuando
nadie esperaba el exceso, la violencia policial contra los jóvenes
periodistas, los medios emergentes, las nuevas fórmulas que experimenta
una zona de la prensa cubana en su necesidad de rozar la agenda pública.
Baracoa, "la primera en el tiempo", también nos concedió esta primicia
de una nueva fase en la estrategia para silenciar a medios y autores que
hasta ahora gozaban de una tolerancia aparente, de una calma apenas
interrumpida por algún consejo, por alguna advertencia.

Ninguno de los detenidos era un agitador. La ciudad estaba agitada por
sus propios conflictos y fuimos a documentarlos. Sentíamos —tengo la
convicción de este plural— la necesidad de contar mejor, hasta
prolijamente, las circunstancias de la gente de Baracoa bajo Matthew. Me
consta —podrá corroborarlo la policía si oye con paciencia las horas de
grabación que confiscó—, cómo la gente recibió a un periodista, ávida de
contar sus peripecias en el mejor estilo baracoense. Si juzgan con
paciencia las decenas de fotos que no publicaré, advertirán el
parentesco con las imágenes aparecidas en la prensa oficial. No hice
fotos aéreas, eso sí. Mucho close-up encuadré durante los dos días que
conseguí trabajar. La ciudad del viernes, la ciudad del sábado, hacía
fuego para cocinar en las calles, dormía a la vista de sus desnudas soleras.

A mí me arrestaron con la grabadora encendida. Iba con la laptop bajo el
brazo, a darle carga en una panadería recién reabierta. Me detuvieron
mientras conversaba con la presidenta de un CDR y un niño me contaba que
Raúl Castro pasó rodeado de militares, camino del Turey o Mabujabo, y
les dijo adiós.

La Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) publicó un editorial agresivo
tras el incidente. No se refirió a los arrestos, como si no tuviera
afiliados entre los detenidos. Hilvanó la justificación de la violencia,
las razones del calabozo, sin aludir al hecho mismo. Granma, con la
misma inspiración, barajó apuntes de su discurso, pontificó sin decir
bien de qué, otra vez evitó a la opinión pública cubana el compromiso de
enterarse. Ni una historia ad hoc pudieron contar, pues la viñeta se les
da mejor.

Si el gremio periodístico obrara con autonomía, la violencia de Baracoa
catalizaría el debate sobre la ley de prensa en Cuba. Periodismo de
Barrio es, en la práctica, una cooperativa. Y al que le guste más andar
de judío errante o no tenga otro remedio que salir solo, como yo, le
toca su parte de legitimidad. De cualquier modo, y precisamente porque
nada hay regulado, la policía de Baracoa tanteó, caviló, acabó
inventándose falsos delitos, al menos para mí. Esta es la dimensión del
crimen de Baracoa contra la libertad de expresión: hay que apelar a un
delito que no existe, hay que usar la disuasión de las rejas, hay que
imponer la incomunicación al preso y a sus lectores; la dimensión
inverosímil.

Algunos han hablado de Estado de excepción. Si lo hubo, es
inconstitucional. No se decretó como corresponde ni se hizo público.
Tampoco ningún código jurídico respetable consiente que la situación
límite justifique las violaciones de derechos humanos. Reconozco que mi
experiencia era patética, enajenada de la vida carcelaria. Cuba vive en
excepción permanente con respecto a sus facultades para fabricar
enemigos públicos.

Las detenciones de Baracoa —consigo distanciarme un poco de mi propio
cuerpo en el calabozo y va aclarándoseme el contexto—, se relacionan con
la campaña de los últimos meses contra medios emergentes, periodistas
autónomos, y sus discursos incluso serenos, razonados, moderadamente
críticos. Discursos que a veces parecen de bocado puesto, contenidos por
hábiles estrategias para evitar la confrontación franca. No obstante,
acaso estas detenciones masivas solo pudieron ocurrir allí, donde aún no
llegan con la fuerza de Matthew las fórmulas periodísticas que ya
trastornan el paisaje mediático cubano.

Source: Montañas de Baracoa en el nuevo paisaje mediático | Diario de
Cuba - http://www.diariodecuba.com/cuba/1476763165_26079.html
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