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Wednesday, October 19, 2016

La guerra contra los paladares

La guerra contra los paladares
ELÍAS AMOR | Valencia | 19 de Octubre de 2016 - 13:22 CEST.

Los observadores y analistas se han hecho eco de la decisión del régimen
castrista de prohibir temporalmente nuevas licencias de apertura de
pequeños restaurantes en La Habana bajo la gestión de los trabajadores
por cuenta propia. Al mismo tiempo, se ha advertido a los que ya operan
de más estrictos controles, iniciando un proceso de citaciones en las
que se instruye a los afectados sobre presuntas violaciones de la
normativa, entre las que se encuentran "evadir impuestos, comprar
suministros en el mercado negro u operar clubes y bares ilegales".

La limitación de oferta en cualquier mercado es una política pública que
tiene efectos muy negativos sobre la población, e incluso contrarios a
los que se persiguen. Incluso en aquellas economías, como la castrista,
en la que el mercado asigna solamente una parte de los bienes y
servicios, correspondiendo al Estado un papel muy destacado en la
asignación.

Esta decisión del régimen, absolutamente inesperada, no guarda relación
con las informaciones que circulan relativas al incremento de turistas y
viajeros que suponen un mercado en crecimiento cuyas necesidades de
alimentación se hace preciso atender. La "guerra" del régimen castrista
contra los paladares no es nueva. Cada vez que aflora alguna actividad
económica privada boyante en la Isla, se adoptan medidas reaccionarias,
de corte estalinista, para demostrar quién tiene el mando de la
economía. Lo sucedido con los paladares no es más que un episodio más.

Sus efectos inmediatos serán:
1. Freno a una de las posibles vías de emancipación económica abiertas
por los llamados Lineamientos.
2. Límite a una oferta gastronómica que tiene aceptación popular, lo que
incrementará los precios de aquellos que sigan operando en el mercado.
3. Beneficio de manera directa a una oferta (estatal y de los hoteles)
que tenía dificultades para competir con los pequeños restaurantes.
4. Límite al crecimiento de la oferta de productos agroalimentarios
destinados a los emprendedores, y con ello, la tensión sobre los precios
de consumo.
5. Límite a la entrada de "mulas" con bienes intermedios destinados a
los pequeños restaurantes que tenían dificultades para aprovisionarse en
los mercados domésticos.
6. Frustración de expectativas y proyectos personales.
7. Refuerzo del control político administrativo de la actividad económica.
8. Límite a la creación de empleo en estos establecimientos.
9. Freno a la evolución del sector hacia la especialización, la
diversificación y la mejora de productividad.
10. Disminución de la recaudación tributaria.

La principal diferencia de la actual campaña contra los paladares de
otras anteriores es que el régimen ha sofisticado la lucha contra la
iniciativa privada en Cuba. Y así, en las reuniones en las que se cita a
los dueños de los paladares participan desde representantes del Poder
Popular de La Habana a varias instituciones del Estado, como la Oficina
Nacional de Administración Tributaria (ONAT) y la ubicua Seguridad del
Estado. Además, como han declarado algunos de los citados a las
reuniones, se les comunica que los paladares son importantes para la
economía y que las irregularidades no solo se encuentran en los negocios
privados, sino también en los estatales. No obstante, hasta la fecha, el
grueso de la presión administrativa ha recaído en los primeros.

Veamos cuáles son los problemas tan graves para el régimen. Por ejemplo,
el uso del parqueo público para acomodar a los clientes de las
paladares, algo que podría resolverse mediante el alquiler de dichos
espacios; la compra de mercancía en el mercado negro, una actividad que
es necesaria porque en los mercados oficiales hay permanente escasez; y
otros más graves, como la violación de impuestos o el lavado de dinero e
incluso la prostitución y la droga. En suma, aspectos que vienen de
atrás en el tiempo desde la época del llamado Periodo Especial, y que se
han convertido en estructurales por la propia dinámica del régimen.

Las leyes castristas obligan a los restaurantes privados a no exceder
los 50 asientos, y están obligados a comprar los insumos en tiendas
estatales, pese a la permanente escasez de los mismos y el alto precio
de los productos. A pesar de las dificultades que existen para una
gestión normal de estos establecimientos, La Habana ha visto florecer y
prosperar un gran número de paladares en los últimos años. Negocios que
han competido con los restaurantes estatales y los radicados en los
hoteles por su capacidad para ofrecer una relación calidad-precio
aceptada por los clientes.

Algunos analistas creen que el endurecimiento de la política del régimen
hacia los paladares es un ejemplo de cómo Raúl Castro está priorizando
determinados gastos en detrimento de otros, y a diferencia del llamado
Periodo Especial, cuando los apagones y las restricciones crearon un
gran malestar en la población, ahora se pretende que sea la actividad
económica, privada y estatal la que pague el coste del ajuste a un
escenario muy difícil para la economía castrista como el actual, en el
que disminuye el petróleo de Venezuela, no se pagan otra vez los
créditos y escasea el numerario y la liquidez.

Y así y todo, inasequibles al desaliento, se lanzan a anunciar la
unificación monetaria para 2017. Tremendo.

Source: La guerra contra los paladares | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1476817305_26101.html
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