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Thursday, October 27, 2016

Jóvenes católicos arriman el hombro en un caserío de Baracoa

Jóvenes católicos arriman el hombro en un caserío de Baracoa
MARIO J. PENTÓN, Miami | Octubre 27, 2016

Cuando se apagaron las consignas, los discursos y las cámaras de
televisión, llegaron ellos. Armados con una guitarra, sacos de ropa y
comida recogidos entre los más pobres de Santiago de Cuba. Con el
corazón rebosante de solidaridad fueron a entregar lo mejor de sí en
Cruce del Toa, un caserío remoto de la región de Baracoa donde el
huracán Matthew hizo crecer el río más caudaloso de Cuba a niveles nunca
antes vistos.

El agua arrasó con todo a su paso, pero este grupo de jóvenes católicos
se empeñó en devolver la esperanza a los campesinos de la zona arrimando
el hombro en la reconstrucción de sus hogares, compartiendo su hogaza de
pan y dedicándole todo un fin de semana a vivir con ellos penas y alegrías.

"La anécdota de cómo este pequeño grupo de 11 familias vivieron el
huracán junto al Toa pasará de generación en generación. Fue una noche
horrible para ellos. Lo perdieron todo: casas, animales, ropa... El río
se llevó lo poco que tenían. De milagro conservaron la vida", cuenta a
14ymedio el joven Hermano de La Salle Asquilis Estable.

Desde el mismo momento del desastre, la Iglesia católica reaccionó
recolectando ayuda para enviar a los damnificados. En cuanto estuvo
disponible la carretera de La Farola, comenzaron a llegar los primeros
cargamentos de ayuda. El grupo de jóvenes lasallistas de Santiago de
Cuba quería dar parte de su tiempo y sus recursos en ayudar a otros, así
que inició una recogida de comida y ropa entre las comunidades de la
provincia.

"Muchas personas que incluso reciben ayuda de la Iglesia se
desprendieron de ropa o de otros enseres para enviarlos a los
damnificados. El cubano es así, solidario en la pobreza. También
recibimos ayuda de grupos católicos exiliados en Miami que se aprestaron
rápidamente a la solidaridad", comentó el religioso.

El recorrido era largo. Salieron de Santiago de Cuba en horas de la
madrugada en un camión de alquiler. Debían atravesar las zonas más
afectadas para llegar hasta Baracoa. Durante todo el trayecto llovía y
la principal preocupación era que se mojara el cargamento de ayuda
humanitaria.

"Nos mojamos buena parte del camino. Teníamos unas lonas, pero las
usamos para proteger el azúcar y la comida que llevábamos", relata vía
telefónica Karelia Savón, de 33 años.

"Sé lo que es perder todo cuando pasa un huracán. Hace cuatro años, con
el paso de Sandy, mi casa perdió su techo y nos quedamos sin nada. Así
que cuando me enteré de que querían ayudar a los baracoenses, enseguida
me enrolé en el grupo", agrega.

Después de llegar a Baracoa, continuaron su ruta hacia el Toa. Fue una
sorpresa para todo el grupo tener que cruzar el caudaloso río en balsas.
Desde tiempos inmemoriales, este ha sido el vehículo de comunicación por
excelencia en la región. Armadas con cañas de bambú y bejucos, los
toanos son reconocidos en toda Cuba por su destreza en conducir este
inusual transporte para trasladar personas y animales de una orilla a otra.

"Me llamó mucho la atención que las personas de ese caserío no fueran
evacuadas. Las casas quedaban a 150 metros del río, así que cuando
empezó a crecer se fue llevando una construcción tras otra", dice Savón.

"Más que la ayuda material que pudimos brindar, lo importante era estar
con la gente y decirles que no estaban solos. No puedo olvidar a una
señora que me dijo: 'Desde que pasó el ciclón, esta es la primera vez
que me río'. Eso me marcó", añade.

Nailet Moreno y su esposo, Renato Verano, también hicieron parte del
grupo de jóvenes. Cuentan que quedaron impresionados por las narraciones
que los habitantes de Cruce del Cauto les compartieron.

"Pensaron que no iba a ser tan intenso, así que se quedaron. Recuerdo
que una familia contaba cómo cuando el viento se llevó su casa salieron
corriendo a refugiarse en la construcción vecina. Apenas unos minutos
después sintieron el ruido del agua. Era el Toa que estaba creciendo y
comenzaba subir el nivel del agua en la casa así que no les quedó más
remedio que salir corriendo hacia la montaña. Allí unos se agarraron a
unos tallos de fongo (plátanos) y otros se metieron en huecos que
hicieron los machos (cerdos). Estuvieron toda la noche bajo el viento y
el azote de la lluvia. Fue horroroso".

Al llegar al caserío se hospedaron en el hogar de María, cuya casa había
perdido la mitad del techo. "Dormíamos allí con ellos, sin electricidad,
con la mitad del techo. Cuando llovía nos mojábamos, pero fue
significativo escuchar testimonios de personas que agradecían más que la
ayuda material, la presencia. Allí no ha ido nadie, esa gente necesita
ayuda", comenta.

La estancia de los jóvenes en el caserío sirvió para ayudar a techar
algunos bohíos, además de repartir los alimentos y la comida que
llevaban desde la ciudad. En las noches se reunían para cantar y
conversar a la luz de una vela.

"Tuvimos la oportunidad de compartir con la gente que lo había perdido
todo. No tenían qué comer siquiera. Fue un gran alivio lo que pudimos
llevar para compartir. Es difícil trasladar recursos allí por lo
intrincado. Ellos tienen que ir hasta el pueblo para conseguir la
comida", dice.

El hermano Asquilis Estable se emociona al relatar los gestos de
acogida. "Era increíble -dice-, de la nada se aparecían con cocos para
agradecernos el haber ido a visitarlos. No era una simple fruta, era
todo lo que tenían y nos lo estaban ofreciendo. Ellos nos dieron mucho
más de lo que nosotros pudimos brindarles".

"Me impresionó mucho cómo los mismos toanos están levantando los postes
para tener electricidad nuevamente. La gente tiene resiliencia, buscan
ante todo vivir, pero la situación es crítica".

Savón dice que muchos damnificados tienen fe en que el Estado les
ayudará a reconstruir sus viviendas, pero ella no lo cree así. "En
Santiago de Cuba llevamos cuatro años esperando a que se resuelva la
situación de las casas que Sandy se llevó y todavía hay personas que no
tienen donde vivir".

El río Toa regresó a su cauce, aunque primero se llevó el puente que
unía las dos orillas desde hace un cuarto de siglo. Las antiguas balsas
desaparecieron arrastradas por la corriente, pero el bambú y el bejuco
se resisten a perecer. Con ellos los toanos construyeron nuevas
embarcaciones y rehacen sus vidas. Unas vidas que no serán iguales
después de la tragedia, pero tampoco tras la solidaridad de quienes se
negaron a quedar al margen de los acontecimientos.

Source: Jóvenes católicos arriman el hombro en un caserío de Baracoa -
http://www.14ymedio.com/nacional/Jovenes-catolicos-arriman-caserio-Baracoa_0_2097990181.html
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