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Monday, October 24, 2016

El Tapón del Darién, un Mediterráneo sin pateras ni titulares

El Tapón del Darién, un Mediterráneo sin pateras ni titulares
YOANI SÁNCHEZ, Panamá | Octubre 23, 2016

Si algo merece el calificativo de "tropical" es la selva del Darién, al
sur de Panamá. La humedad, los mosquitos y el calor hacen que moverse
dentro de la cerrada vegetación de la zona se vuelva una tarea
sobrehumana. A través de la tupida jungla se extiende una de las rutas
migratorias más peligrosas del mundo. Un Mediterráneo sin pateras ni
titulares, pero en el que convergen también la oportunidad y la muerte.

Donde América Central se une en un estrecho abrazo con América del Sur
está ubicado el tramo más letal y temido por aquellos que siguen la ruta
hacia Estados Unidos. Cruzan desde Colombia hacia esta zona del
territorio panameño y llegan desde países cercanos o distantes, como
Cuba, Haití, Costa de Marfil, Ghana, Somalia, Bangladesh, Nepal,
Pakistán o Sri Lanka.

Este trozo de tierra ha quedado en el recuerdo de muchos como el momento
más difícil en su larga marcha hacia un sueño. Sin embargo, para los
inmigrantes extracontinentales, provenientes de Asia y África, superarlo
resulta un esfuerzo mayor. Son quienes han cruzado el Atlántico a merced
de las redes de tráfico de personas, escondidos en barcos cargueros que
parten en muchos casos de una Europa incapaz de hacer frente a su propia
crisis migratoria.

Sin hablar una palabra en español, ni conocer mayores detalles
culturales de esta zona del planeta, los recién llegados chocan con una
región donde lo real oscila entre lo maravilloso y lo siniestro. En la
mayoría de los casos no llevan documentos de identidad y algunos pocos
saben palabras como "agua" y "comida".

Quienes logran cruzar la maraña de vegetación y peligro, celebran al
otro lado, ya en territorio panameño, con la alegría del que llega al
final del destino, aunque todavía les falte atravesar el resto de
Centroamérica y varias zonas de México, algunas de ellas semidesérticas.
Pero vencer el Darién viene a ser como coronarse en la más difícil de
las disciplinas olímpicas... aquella en la que los atletas se juegan la
vida.

No hay medias tintas en esta franja de rudo terreno. Un coyote puede ser
el guía experimentado que conduzca al grupo de viajeros hacia la próxima
frontera o un criminal que lo entregue en manos de extorsionadores,
violadores y ladrones.

A través de la selva a los migrantes se les ve en grupos, algunos con
niños pequeños cargados sobre los hombros, trastabillando por el fango y
por las ramas que cruzan las improvisadas rutas. Sus historias apenas se
narran en los medios extranjeros y los organismos internacionales han
sido parcos en señalar la crisis humanitaria que tiene lugar en esta
angosta cintura de tierra que realza las curvas de América.

Se trata también de un trayecto marcado por la simulación. Muchos
haitianos que recorren la espesura se hacen pasar por africanos. Los
ciudadanos del país más golpeado por los desastres naturales y la
pobreza en esta parte del mundo, son considerados como parias, con poco
atractivo incluso para los traficantes de personas.

En ningún otro lugar del continente como en el Darién resultan más
evidentes las deficiencias de la diplomacia latinoamericana para
coordinar políticas comunes. Mientras Nicaragua mantiene cerradas sus
fronteras al paso de migrantes, Costa Rica busca contener el flujo de
extranjeros que la inunda y el presidente de Panamá advierte que a
quienes estén entrando por la zona selvática que separa a su país de
Colombia "se les va a dar la asistencia humanitaria para que sigan su ruta".

El Tapón encarna el fiasco de la integración regional, postergada por la
corta mira de los políticos y los sucesivos intentos de crear clubes
selectos de países, unidos más por las conveniencias ideológicas que por
las urgencias de sus ciudadanos. El fracaso mayor corre a cargo de la
Secretaría de la Integración Social Centroamericana (SISCA) incompetente
para poner en marcha un efectivo plan de contingencia ante tal situación.

De poco ha servido que recientemente James Cavallaro, presidente de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), hiciera un llamado a
que los Estados de América actúen "de forma inmediata para que habiliten
canales que les permitan a estas personas migrar de forma legal y
segura". En los palacios de gobierno, todos parecen más enfocados en
apagar sus propios fuegos que en impulsar esfuerzos conjuntos.

Ese egoísmo diplomático no escapó a las críticas de Cavallaro, quien
también aseguró que "el hecho de que los migrantes recurran a canales
irregulares y a traficantes de migrantes se explica por la falta e
insuficiencia de canales legales y seguros para migrar", una situación
que eleva su vulnerabilidad ante los abusos y la extorsión por parte de
organizaciones criminales, traficantes de migrantes o policías corruptos.

El panorama se agrava cada día con una Europa colapsada por la llegada
masiva de migrantes y un "destino América" que se dispara como una
opción para quienes huyen de los conflictos armados, la pobreza o la
desesperanza. Como un río que comenzó apenas con un hilo de agua, el
caudal de quienes discurren por el istmo centroamericano crece y crece,
aumentado también por miles de cubanos que temen una cancelación de los
beneficios migratorios de los que gozan en Estados Unidos.

El drama transcurre lejos de los lentes de los fotógrafos. Si las
imágenes de las barcazas cargadas de refugiados procedentes de Myanmar y
Bangladesh saltaron a las primeras planas de los periódicos a mediados
del año pasado mientras intentaban llegar a Indonesia, Malasia y
Tailandia, el Darién se traga sus escenas más terribles. Apenas deja
rastro en los medios de prensa internacionales.

A quienes alardean de vivir en un mundo hiperconectado, con cada
centímetro explorado y con el ojo de los satélites que lo recorren metro
a metro les vendría bien dar un salto por esta selva. Uno de los últimos
reductos naturales que atemoriza a los hombres hace frenar a la
expediciones más osadas y parece reírse de aventureros al estilo de
Indiana Jones.

Un descenso a sus abismos de humedad y picaduras de insectos podría
matizar la lectura de noticias sobre sondas espaciales que llegan a
planetas distantes y recogen imágenes de otras galaxias. La región sigue
siendo tan agreste como en los tiempos de la conquista española.

La carretera Panamericana, que discurre desde Alaska hasta Argentina, se
interrumpe aquí. Una situación que ha ayudado a preservar la diversidad
natural de la zona pero que sin duda aumenta la letalidad de este tramo
para los migrantes.

En septiembre de este año una familia de tres miembros falleció ahogada
en el río Turquesa. Los pescadores de la zona avisaron del cuerpo de un
niño de menos de cuatro años que flotaba en las aguas. Luego hallaron
también a sus padres. Todos tenían "rasgos extracontinentales", según el
servicio de fronteras panameño.

Son apenas unas víctimas de las tantas que se ha cobrado el Tapón del
Darién. Esa selva, que, de tan tupida, no deja escapar ni los gritos.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este domingo 23 de
octubre en el diario El País

Source: El Tapón del Darién, un Mediterráneo sin pateras ni titulares -
http://www.14ymedio.com/opinion/Tapon-Darien-Mediterraneo-pateras-titulares_0_2094390547.html
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