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Thursday, October 20, 2016

El fidelismo propició el regreso del anexionismo

El fidelismo propició el regreso del anexionismo
PEDRO CAMPOS, La Habana | Octubre 20, 2016

Desde mediados del siglo XIX se desarrolló en Cuba la corriente
anexionista, fuera para salir del colonialismo español, garantizar la
continuidad de la esclavitud o por simpatías con los aires de libertad,
independencia y democracia que soplaban desde aquella nación con la que
siempre tuvimos importantes vínculos.

Baste recordar que la bandera del triángulo rojo y la estrella
solitaria, que trajo a Cuba el anexionista Narciso López es nuestra
enseña nacional y que Carlos Manuel de Céspedes, a poco tiempo de
iniciada la Guerra del 68, escribió al secretario de Estado de EE UU, W.
H. Seward:

"Al acordarnos de que hay en América una nación grande y generosa, a la
cual nos ligan importantísimas relaciones de comercio y grandes
simpatías por sus sabias instituciones republicanas que nos han de
servir de normas para formar a las nuestras, no hemos dudado un solo
momento dirigirnos a ella ... a fin de que nos preste sus auxilios y nos
ayude con su influencia, por conquistar nuestra libertad que no será
dudoso que después de habernos constituido en nación independiente,
formemos, más tarde o más temprano una parte integrante de tan poderosos
Estados" (1).

El anexionismo latente todavía en la Guerra del 68 fue superado en la
del 95, con la labor de Martí y Maceo. La intervención de EE UU en la
guerra cubana contra España en 1898 paradójicamente desalentó dicha
corriente en los años de República, cuando las ideas, más
antinorteamericanas que antimperialistas, predominaban como reacción a
la Enmienda Platt y a las distintas intervenciones directas e indirectas
del vecino del norte en nuestros asuntos.

La lucha insurreccional y el amplio movimiento nacional contra la
dictadura batistiana contaron con simpatías en el pueblo de EE UU y hay
testimonios de que existía apoyo encubierto de la CIA a grupos
insurrectos. A fines de 1958 el Gobierno de EE UU retira su respaldo al
dictador y trabaja para su sustitución, beneficiando la causa
revolucionaria.

Sin embargo, en los mismos primeros meses de 1959 las relaciones se
tensaron por excesos del Gobierno revolucionario contra los batistianos
y las primeras medidas que empezaron a afectar intereses económicos de
EE UU. La postergación indefinida de elecciones democráticas, la
creciente influencia del Partido Comunista, el debilitamiento de las
fuerzas democráticas en el primer Gobierno y el aumento de la oposición
al liderazgo de Fidel Castro, apoyada por EE UU llevaron a más
hostilidad entre ambos Gobiernos.

Con el discurso "antimperialista" dirigido contra EE UU del máximo líder
de la Sierra Maestra, que había capitalizado el triunfo revolucionario
del 59, las intervenciones de grandes empresas norteamericanas y las
medidas de toma y daca entre los dos Gobiernos, especialmente el
bloqueo-embargo en octubre de 1960, las contradicciones se exacerbaron y
vino la ruptura de relaciones, en 1961, por parte de EE UU, el
acercamiento cubano hacia la URSS, la invasión de Girón apoyada por el
Gobierno estadounidense y la Crisis de los Misiles de 1962.

Desde el mismo 1959, EE UU sirvió de refugio a todos los cubanos que
salían huyendo del régimen. Así, se produjeron distintas oleadas de
emigrantes cubanos legales e ilegales hacia el norte, la primera entre
1959 y 1962 con cerca de un millón de cubanos, después Camarioca, 1965;
Mariel 1980; Los Balseros, 1994 y la que está teniendo lugar en los
últimos años por Centroamérica y el estrecho de Florida. Paralelamente,
se ha desarrollado la entrega de visas para residentes permanentes en EE
UU que han llegado hasta las 20.000 anuales.

Durante todos los años siguientes, las fuerzas democráticas y
anticomunistas, debería decirse en propiedad antifidelistas, han contado
con el apoyo y las simpatías de los Gobiernos de EE UU, y Fidel Castro
siempre las ha presentado como mercenarias y anexionistas hasta creérselo.

Las calamidades ocasionadas por las políticas fidelistas en todos los
campos y ese éxodo constante de emigrantes hacia EE UU han generado, en
cambio, un reacercamiento del pueblo cubano a su vecino del norte y ha
hecho renacer y crecer una corriente anexionista, más menos velada, real
o virtual.

Hoy, las esperanzas de progreso para millones de cubanos están puestas
en la posibilidad de emigrar mientras el propio Gobierno condiciona el
desarrollo al "levantamiento del bloqueo" y a las inversiones
extranjeras, especialmente estadounidenses. En su desenfreno por excluir
a los trabajadores y al pueblo del control autónomo de su desarrollo han
terminado buscando los brazos del "enemigo". "Si los yanquis son el
problema, son también la solución". Nada más plattista.

Así, las campañas antinorteamericanas del fidelismo han resultado
contraproducentes, han traído de vuelta al anexionismo y su crecimiento.
Como el desastre que padecemos y el desdén por el " socialismo", también
esto tenemos que agradecerlo al fidelismo.


(1) Boletín de la Revolución No.4, New York, 25 de diciembre de 1868.
Tomado del libro La República, del historiador cubano Juan F. Benemelis.
The Ceiba Publishers, Miami 2010.

Source: El fidelismo propició el regreso del anexionismo -
http://www.14ymedio.com/opinion/Fidelismo-anexionismo_0_2093790603.html
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