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Saturday, September 03, 2016

Un juicio más sin atravesar la Aduana

Un juicio más sin atravesar la Aduana
MÁXIMO O. RUIZ MATOSES | Madrid | 3 de Septiembre de 2016 - 12:51 CEST.

El pasado 29 de agosto fui "juzgado" nuevamente en Cuba. Este último
juicio, más deleznable aún que el anterior porque no tuve abogado
defensor ni supe de qué se me acusaba y, además, ocurrió en "tierra de
nadie". Es decir, sin haber entrado en la Isla.

En resumen diré que quise ir a ver a la familia pues tenía unos dias
libres y partí de Brasil vía Lima hacia La Habana. Había ido
regularmente varias veces porque, a pesar de todo, no me puedo separar
de mi desolada y destruida Cuba, y cuál no sería mi asombro cuando me
retuvieron en la Aduana, sin explicación alguna. Me retiraron el
celular, mis documentos todos, así como el equipaje, y me comunicaron
que no podía entrar en el país, que tenía una prohibición total.

Me embarcaron al día siguiente, después de una noche en que me acordé de
mis "buenos" tiempos en el "tanque", durmiendo en el piso frío (o
tratando de dormir) y sin alimentos.

Que alegría cuando entré en el vuelo de Avianca donde me deportaron y
donde, desde el capitán de la nave hasta la última aeromoza, me
recibieron con sonrisas y de inmediato pude tomar agua y comer algo.
Buen recuerdo tendré siempre de ellos. Si comparas esta bienvenida con
la que me dieron mis propios coterráneos es como querer comparar la
noche con el día.

No obstante, los oficiales que me escoltaron todo el tiempo en la
habitación donde estuve encerrado, sin baño, sin agua y con la luz
prendida la noche entera, me preguntaban asombrados: "¿Por qué no lo
dejan entrar si su pasaporte está habilitado por nosotros mismos?".
Supongo que aún se lo estén preguntando.

Llegué a Brasil sin ver mis documentos, pues es lo establecido cuando
deportan a alguien. Me los entregaron las autoridades brasileñas
respetuosamente y yo diría que hasta contentos de poder ayudarme a
paliar en algo esta desdicha. En el pasaporte habilitado oficialmente
quedó acuñado hasta cuatro veces: "Cancelado".

En las ocasiones anteriores que estuve en la Isla había actualizado mi
pasaporte en el consulado de Cuba en Madrid, y después del penúltimo
viaje tuve que desembolsar 360 dólares para actualizar el dichoso
pasaporte. Y me lo habilitaron, también en el consulado en Madrid, en
abril-mayo de este año. Es decir que al parecer no había motivo para no
entrar nuevamente en Cuba. Pero, lamentablemente, parece que en esta
ocasión se les fue un "gazapo" a mis excompañeros de armas: no se
pusieron de acuerdo los de la Isla con los de la Embajada en Madrid.

He llegado a pensar que puede haberse tratado de un "pase de cuentas" de
quien funge ahora como ministro del Interior. Me refiero al almirante
Julio César Gandarilla Bermejo, porque me dicen que el general de
división Carlos Fernández Gondín, ministro del Interior, está muy
enfermo y el tal Gandarilla funge como tal. Mal anda el MININT con tal
ministro, un individuo plagado de miserias humanas, tan torpe y amoral,
que probablemente sea, en vez de un guardián fiel de los designios de
Raúl Castro, el causante de precipitar la caída de ese oprobioso régimen.

Otro que "bien baila" es el actual jefe de Migración y Extranjería de la
República de Cuba, Mario Méndez Mayedo. Lo recuerdo por haber sido uno
de mis interrogadores durante mi instrucción penal en 1990. Entonces era
un primer teniente y recuerdo que al darme a leer la sentencia, injusta
por supuesto, tuve que corregirle garrafales faltas de ortografía. No sé
si habrá superado estas lagunas, pero lo que sí resulta claro es que
este tipo de personal de pocas luces y de corte represivo son los que el
Gobierno pone al frente de los sensibles departamentos que conforman el
esquema de enfrentamiento de la Contrainteligencia .

¿Otros motivos para que me negaran la entrada a mi país? Podría
elucubrar mucho al respecto, pero percibo que hay un miedo cerval entre
los gobernantes cubanos a que aquello se les vaya de las manos y que
tengan que abandonar la vida muelle que llevan desde hace más de medio
siglo, después de los "cuatro escopetazos" tirados en la Sierra Maestra,
y que, en el mejor de los caso, tengan que cambiarla por una húmeda y
oscura celda como en la que estuve largos años. Supongo que Venezuela
los tiene desvelados.

Las generaciones actuales de cubanos no son las de nuestros tiempos. Sin
ánimo de exagerar, en mis viajes anteriores no encontré a ningún cubano
que claramente me rebatiera algún argumento no acorde con la línea
gubernamental. Me atrevo a afirmar que la inmensa mayoría de la
población de la Isla repele de alguna forma al Gobierno. Dondequiera que
uno camina y conversa, sea en una parada de guagua o en un "almendrón" o
en una bodega, encuentras el mismo tono de disgusto con lo que pasa en
el país. Unos más encolerizados que otros, pero todos claramente en
contra del estado de cosas reinante.

Los gobiernos de la Unión Europea (UE), EEUU y algunos hermanos
latinoamericanos pueden tragarse la píldora de que en Cuba las cosas
están cambiando, de que el carácter represivo de los gobernantes cubanos
está desapareciendo. No es así pues la esencia de esta larga permanencia
en el poder se debe casualmente a esta mágica palabra: represión.

En mis viajes anteriores, siempre que me encontré con algunos de mis
antiguos compañeros de armas, a hurtadillas y en tono bajo, todos y cada
uno de ellos me dijeron lo mismo: "Esto es una mierda, no es por lo que
luchamos nosotros". Pude reencontrármelos lo mismo en un parqueo de
automóviles, trabajando de parqueadores, que de choferes de taxi. Todos
buscándose la vida, pues el magro retiro no les alcanza para la
subsistencia diaria. Algunos tienen suerte y están al frente de empresas
"particulares" después de retirados, pero la mayoría tienen que "arañar"
para poder vivir el día a día.

Cuando les llega la hora del pase a retiro, la mayoría de los primeros
oficiales y oficiales superiores de las FAR y MININT tratan de
retardarlo lo máximo posible, pues saben las prebendas —carro asignado,
jabas de productos de primera necesidad, más lo que pueden sustraer de
las unidades bajo su mando—desaparecerán y se verán al nivel de la
sufrida población. Algunos, con más suerte, comienzan a trabajar en
corporaciones. Otros, con la complacencia de algunos gobiernos de Europa
o América, se marchan a vivir el resto de sus días con su familia en el
extranjero, teniendo algunos de ellos causa posible para ser juzgados
como criminales de lesa humanidad.

Alerto al respecto a estos gobiernos, pues si es cierto que algunos
fueron oficiales pundonorosos que mantuvieron una hoja de servicios
bastante limpia, otros han torturados, han "desaparecido" seres humanos,
han reprimido a la población, han condenado injustamente, inclusive a la
pena capital a otros cubanos, como han hecho muchos jueces y fiscales
militares, sobre todo del MININT.

Paradójicamente, en los momentos en que se recibía en Cuba con bombo y
platillo el primer avión de JetBlue como una muestra del "acercamiento"
de los gobiernos de Cuba y EEUU (recalco: gobiernos y no pueblos) me
expulsaban a mí, un cubano más de esa misma tierra.

(Y lo que me jode es que no pude abrazar a mi esposa e hija, y que no me
dejaron ver ni una palma.)

Source: Un juicio más sin atravesar la Aduana | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1472899917_25043.html
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