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Tuesday, September 13, 2016

Salarios congelados para maestros del Estado

Salarios congelados para maestros del Estado
septiembre 12, 2016
Rogelio Manuel Díaz Moreno

HAVANA TIMES — Las autoridades cubanas y los medios de prensa ya lo
informaron oficialmente. El aumento salarial para el sector pedagógico,
esperado para el segundo semestre de este año 2016, no se producirá. No
hay condiciones económicas en el país, dicen.

Las últimas semanas previas al inicio del nuevo curso escolar, la prensa
reflejó el recorrido de la ministra de Educación, Ena E. Velázquez, por
el territorio nacional. Con los acostumbrados bombos y platillos se
ensalzaron las maravillosas condiciones que tendría el estudiantado para
entrar a las aulas en septiembre. Un elemento era reconocido, a medias
oculto entre la letra pequeña, prácticamente todas las regiones
presentaban, en mayor o menor medida, déficit de personal pedagógico.

El sector de la Educación es uno de los estandartes emblemáticos del
modelo cubano. Su inexorable deterioro contribuye a la erosión del
prestigio y aceptación del gobierno. Desde finales del siglo pasado
arrastra el mencionado problema, desde que la depreciación de los
salarios estatales arrojó a maestros y maestras al fondo de la pirámide
socio laboral del país. Desde hace más de veinte años no aparecen luces
al final del túnel para un sector que, paradójicamente, todos consideran
esencial.

La economía cubana, tercermundista y subdesarrollada, se vio privada en
aquel entonces de los masivos subsidios de la era del campo socialista.
Desde entonces, no ha salido nunca verdaderamente del bache, pues
ligeros alivios se ven sucedidos por nuevos períodos de recesión. En
tales condiciones, no ha recuperado la capacidad de reflotar a un sector
costoso y masivo como el educativo.

El éxodo de profesionales hacia otras actividades más lucrativas se ha
convertido en un mal crónico. Se hace difícil reprocharles algo a esas
personas. Su sacrificada labor apenas les garantiza exiguos sueldos, con
los que se torna prácticamente imposible mantener un nivel de vida
mínimamente decoroso.

En este panorama se han acrecentado, además, las políticas
gubernamentales de racionalización de gastos sociales, subsidios y toda
otra serie de estímulos concretos que podían ofrecerse a quien trabaje
en Educación.

Los llamados a la conciencia y las promesas de mejores mañanas
abundaron, los homenajes y las medallas se propulsan, pero no permiten
mantener hogares, menores de edad, personas de la tercera edad, etcétera.

En los penúltimos meses había llegado a insinuarse la promesa concreta
de una subida de los salarios. Esta ya se había producido en el sector
de la Salud -y esto es algo sobre lo que valdrá la pena regresar. En el
lenguaje oficial se volvía recurrente el lema de socialismo con
desarrollo próspero y sustentable. Se calculaban tasas de crecimiento de
tantos por ciento del Producto Interno Bruto. Se proclamaba un plan de
desarrollo con vistas al 2030 -y sobre esto otro también valdría la pena
regresar.

El proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos parecía
justificar mayores esperanzas de bienestar. Y de súbito, cayó un cubo de
agua fría con el anuncio de la imposibilidad de mantener crecimientos
este año. Esta situación se confesó en la sesión veraniega de la
Asamblea Nacional del Poder Popular. Desde entonces, el incremento de
los salarios en Educación podía darse por perdido, aunque se demoraran
varias semanas en confirmarlo.

Lo que sí se implementó fue la extensión de impuestos sobre los ingresos
a sectores más amplios de trabajadores del sector estatal, con
exenciones para los que reciban menos de 500 pesos cubanos –unos veinte
dólares.

El fenómeno producido engendra serias reflexiones. Una vez más, las
esperanzas de la ciudadanía en general, y de educadores y educadoras en
particular, se ven defraudadas. El fatalismo al respecto acopia otra
fría y desagradable confirmación.

Si ya antes de esto las escuelas andaban cortitas de personal docente,
imagínense cómo seguirá la tendencia. Y si les cuesta algún trabajo,
auxilíense con otras noticias, confesadas en voz igualmente baja, sobre
la muy pobre demanda de las carreras pedagógicas en todo el país -a
pesar de que prácticamente las regalan en las universidades
correspondientes.

Ahora cabría añadir otras inquietantes aristas relativas al tema. Se
conoce que, bajo la licencia de repasador/repasadora por cuenta propia,
se extiende el negocio de maestros/as particulares. ¿Qué tipo de giros
introduce este sector?

Es evidente que el fenómeno de diferenciación social se refuerza con el
deterioro de la educación pública y el florecimiento de establecimientos
de educación privados. Estos últimos presentan una gran diversidad.

Muchos los constituyen solamente pedagogos o pedagogas que trabajan en
sus viviendas, a nivel individual, que atienden a unos pocos jóvenes
cada vez, en una o dos materias de un nivel escolar más o menos específico.

Otros constituyen verdaderos conjuntos, organizados con sistematicidad y
complejidad, que agrupan varias personas en calidad de repasadores y
atienden a decenas de adolescentes para impartirles conocimientos de
todas las asignaturas, de varios grados, y en locales especialmente
acondicionados. Los hay para cubrir todo el rango académico local, desde
la educación preescolar hasta la universitaria.

A cualquiera de esos establecimientos particulares acuden los retoños de
las familias suficientemente solventes, en el horario posterior al de
las deprimidas escuelas del Estado. Con estas clases privadas, reciben
una formación tan completa, que lo único que les falta es la potestad de
títulos oficialmente validados, para lo que todavía los o las jóvenes
tienen que acudir a la escuela oficial y rendir los exámenes
correspondientes.

Esto explica algo, en mi opinión, del porqué el sector de Educación
(público) continúa en las condiciones precarias en las que está. La
élite tiene asegurada la educación de su descendencia, y no ejerce tanta
presión para poner remedio a un problema que poco la afecta.

Con el paso de los años, las desigualdades se naturalizan en nuestras
calles. Al "pobretariado" le toca la escuela estatal, y que se las
arregle. Quienes tienen más recursos, quienes ya se distinguen del resto
por sus condiciones de vida, solvencia, vivienda, etcétera, ahora se
distinguirán cada vez más por la mejor formación e instrucción.

Esto se traducirá indefectiblemente en menores oportunidades para "la
plebe" de superación, de acceso a entornos profesionales con buenas
oportunidades. A los de abajo, se les estrechan otros caminos para
sobresalir, como no sean los de algunas actividades turbias o resaltar
como artista o deportista y servir al entretenimiento de masas.

Simplemente, el sistema burocrático estatal actual se confirma como
incapaz de resolver el problema de la Educación pública. Lleva más de
veinte años en las mismas, y cada atisbo de esperanza se desvanece con
nuevos y más tristes tropiezos. Se necesita una sociedad dinamizada, con
todo el potencial de sus fuerzas productivas en florecimiento, libre de
ataduras, para poder generar cambios radicales en tal situación.

Por su parte, el sector pedagógico necesitaría urgentemente de una
cohesión gremial efectiva, con representantes sindicales legítimos y
comprometidos, capaces de dialogar directamente con el resto de los
actores sociales y políticos del país.

Solo así podría alcanzarse un consenso sobre las inyecciones de recursos
imprescindibles para mantener un sistema educativo universal, de
calidad, que promueva la superación de todos y todas, con inclusión y
justicia social, y un nivel de vida para sus gestores, maestros y
maestras, a la altura de la dignidad del trabajo que desempeñan.

Source: Salarios congelados para maestros del Estado - Havana Times en
español - http://www.havanatimes.org/sp/?p=118324
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