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Saturday, September 17, 2016

Las mil y una historias de Tarará

Título: Las mil y una historias de Tarará
LUZ ESCOBAR, La Habana | Septiembre 17, 2016

"Aquella era mi casa" señala Elena, una cubanoamericana que esta semana
regresó a la Isla y visitó el sitió donde vivió su infancia. En Tarará
dio sus primeros pasos, pero el lugar apenas se parece al reparto
residencial que guarda en sus recuerdos. En cinco décadas ha pasado de
ser una barriada de gente rica a una escuela formadora de maestros, un
campamento de pioneros, un sanatorio para niños afectados por la
radioactividad y una villa para turistas.

En el poblado, ubicado al Este de La Habana en una hermosa zona costera,
se radicó la crema y nata de la burguesía habanera a mediados del siglo
pasado. Ninguno de los residentes en las 525 casas de este pequeño
paraíso pudo imaginar que poco tiempo después de estrenar sus viviendas,
solo 17 familias se mantendrían en el lugar y el resto emigraría o
perdería su propiedad tras la llegada de Fidel Castro al poder.

"Mi padre compró la parcela con mucha ilusión, siempre decía que aquí
viviría sus últimos años", recuerda ahora Elena. Camina alrededor de la
casa que ya ha perdido toda la madera de las puertas y ventanas. Las
malas hierbas han tomado la zona de la terraza y en el suelo del salón
principal se ve la evidencia de los muchos murciélagos que duermen en el
sitio cada noche.

Un hombre barre la calle y le pregunta a la recién llegada si ya pasó
"por la garita de entrada", un control donde los visitantes deben pagar
para acceder a Tarará. Por cinco pesos convertibles Elena ha regresado
al lugar de sus nostalgias, con un "almuerzo incluido" en una solitaria
cafetería al borde del mar.

Hacia allá se encamina, no sin antes persignarse ante la solitaria
iglesia dedicada a Santa Elena, a la que le han devuelto hace pocos años
la cruz exterior, que fuera retirada durante las décadas en que el
ateísmo más furibundo se adueñó del lugar. "Aquí bautizaron a mi hermana
más chiquita", evoca la mujer ante la fachada de la capilla.

En la barra del local gastronómico el camarero le cuenta que durante la
escuela primaria pasó varias semanas en Tarará. Aunque intercambian
historias sobre el mismo pedazo de tierra cubana, parecen referirse a
dos polos opuestos. "Me gustaba venir porque daban yogurt en el desayuno
y en una de esas casas vi por primera vez una bañadera", explica el
hombre, quien ya supera los 40 años.

Sus memorias corresponden a los días en que la otrora glamorosa villa
había sido convertida en la Ciudad de los Pioneros José Martí. El
campamento recibía a miles de niños en edad escolar cada curso, "eran
como unas vacaciones pero en las que había que ir a la escuela ", le
explica el hombre.

El subsidio soviético apuntalaba el enorme complejo que exhibía un
centro cultural, siete comedores, cinco bloques docentes, un hospital,
un parque de diversiones y hasta un atractivo teleférico que cruzaba
entre dos colinas sobre el río Tarará y que hoy es un amasijo de hierros
oxidados.

Elena, por su parte, evoca los árboles frutales del patio de su casa, la
cancha de squash , y el campo de softball que se llenaba de familias los
fines de semana. Sin embargo, sus más gratas remembranzas se centran en
el autocine que quedaba a la entrada del pueblo, actualmente convertido
en un parqueo. Entre sus memorias y las del camarero hay 30 años de
diferencia y una revolución social de por medio.

"Ahora solo pueden entrar los que tienen reservación en las pocas casas
que alquilan a turistas en este barrio", explica el empleado. Son las
familias de los que se resistieron a marcharse a pesar de todas las
presiones que recibieron. "De la noche a la mañana llenaron el pueblo de
jóvenes que llegaron del campo a estudiar corte y costura", explica.

Los pocos vecinos que no se marcharon "pasaron las de Caín" cuenta el
barrendero. "Tenían que recorrer kilómetros para encontrar una bodega y
todos los alrededores de las casas se los llenaron de áreas bailables y
puntos de control", recuerda.

Hace pocos años la corporación turística Cubanacán rehabilitó 274 casas
y Cubalse otras 223. Sin embargo, el proyectado polo turístico no logra
despegar. "este lugar perdió el alma", comenta el hombre mientras barre
las hojas de una yagruma que han caído sobre la acera. La tarja que
señala el embarcadero donde Ernst Hemingway atracaba su yate, apenas
puede encontrarse en medio de la maleza.

En los años noventa Tarará fue el epicentro de un programa auspiciado
por el Ministerio de Salud Pública atendía a niños afectados por el
accidente nuclear de Chernóbil. Llegaron de Moldavia, Bielorrusia y
Ucrania, poco tiempo después de que la crisis económica pusiera punto
final al campamento de pioneros.

La prensa oficial explicó en ese momento que los niños cubanos habían
donado su "palacio" a los afectados por la tragedia, pero nadie recuerda
una sola reunión en un centro docente en que se advirtiera de la
transformación que experimentaría la hermosa villa.

A principios de este siglo pasarían por Tarará unos 32.048 pacientes de
América Central, Sudamérica y el Caribe en el marco de la Operación
Milagro, financiada con el petróleo venezolano. Venían a tratarse de
distintas enfermedades oftalmológicas como la catarata y la retinosis
pigmentaria. Encontraron un remanso de paz en el lugar, donde solo podía
entrar el personal cubano que laboraba con los pacientes y los pocos
vecinos que quedaban.

Hace una década llegaron a su vez más de 3.000 estudiantes chinos para
estudiar la lengua española y se consolidó en el reparto una escuela de
policía, cuyas aulas se utilizan frecuentemente para retener a las Damas
de Blanco cuando son arrestadas los domingos tras salir de misa en la
iglesia de Santa Rita, al otro lado de la ciudad.

"Esto parece un pueblo fantasma" dice en voz alta Elena mientras camina
por sus calles. Los sucesivos "programas de la Revolución" que colmaron
el reparto se han ido terminado y ahora solo queda una urbanización de
innumerables casas abandonadas y otras donde unos pocos turistas toman
el sol en la terraza. La playa donde la cubanoamericana encontró sus
primeros caracoles sigue allí "tan linda como siempre", asegura.

Source: Título: Las mil y una historias de Tarará -
http://www.14ymedio.com/reportajes/Tarara-Cuba-cubanos-cubanoamericanos-construcciones-Operacion_Milagro-Venezuela-Pueblo_cubano-reparto_0_2073992581.html
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