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Sunday, September 25, 2016

El horror como único pasado

El horror como único pasado
FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ | Miami | 23 de Septiembre de 2016 - 10:00 CEST.

Recuerdo haberme impresionado solo con el título: Inquisición:
Instrumentos de tortura. Desde la Edad Media hasta la época industrial.
Aún se exponía en México DF, a finales de los 90. Era una amplia
variedad de métodos de suplicio que, tras un exitoso periplo por todo el
país, iba a tomar otros rumbos. Por supuesto, hay cosas más bellas para
ver y disfrutar en la populosa capital mexicana. De ese modo escapé a la
tortura de ver aquella exposición.

Pero como si me persiguiera su crueldad, la misma exposición o una
parecida fue exhibida en la Torre de la Libertad de Miami, en 2010 o
2011. Esta vez fueron los hijos una buena justificación para la
ausencia; no se someten a experiencias desgarradoras niños y jóvenes
inocentes, por lo menos no quien los respete y quiera de verdad. Aun
así, podría torcerse la suerte y en un viaje a Europa o a Nueva York,
tropezar otra vez con esa exposición itinerante que tiene público, "su"
público.

Y cuando parecía que lo habíamos visto o leído todo de nuestra isla, un
entusiasta profesor de Historia en la provincia Villa Clara ha tenido la
idea de colocar en las antiguas mazmorras de la estación de policía,
convertida hoy en escuela, una suerte de Museo de la Tortura, donde se
exhibe, según Juventud Rebelde, "el quemapié de hierro, los férreos
blackjacks, el vergajo de toro, el sacauñas, el pinchaojos y un
artefacto para aplicar electricidad… Y colgada de un soporte está la
soga utilizada para simular o realizar ahorcamientos".

El profesor ha declarado que la "iniciativa" encontró rápida acogida en
las instancias de Educación y en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Y
añade que de ese modo "los jóvenes aprenden un poco más del pasado, para
pensar y sentir mejor el presente". Lo irracional toma altura cuando el
periodista escribe: "Basta con apreciar los rostros de los jóvenes que
recorren la muestra para notar cómo los impresiona ver los instrumentos
de tortura y, más todavía, cuando se les explica su modo de empleo".

Es cierto que en Cuba durante la tiranía de Fulgencio Batista se torturó
y asesinó a cientos de jóvenes cubanos. Los cuarteles y las estaciones
de policía eran siniestros lugares de tormento. Y por esa misma razón,
para sepultar tanto daño, cuarteles y precintos fueron hechos escuelas.
Muchos de los torturados allí casi hasta la muerte, fueron después parte
de la construcción de la Cuba de hoy, y al final no pocos han terminado
viviendo en Miami, junto a la "gusanera cubanoamericana". Pero nadie ha
olvidado nada, ni aquí ni allá.

El temerario profesor dice que fue inspirado por un reportaje del
pintoresco escritor Samuel Feijoó, publicado medio siglo atrás. El
maestro tuvo la macarrónica idea de recrear la Cámara de Tortura en los
antiguos fosos de suplicio, el mismo lugar donde la Revolución, años
atrás, pretendió enterrar el pasado. La intención del docente, dice el
reportaje, es mostrar "cómo era la Cuba de los años 50, cuando, además
de los asesinatos, imperaban los desalojos, el desempleo, la falta de
atención médica y otros males…".

Sin permiso de los padres, sin contar con nadie más que con los que
siempre se "ganan puntos" con estupideces como esa, los muchachos son
"educados" en el "horror" de otra época, mostrándole sacauñas y
pinchaojos. De ese modo el profesor ya tiene su Auschwitz tropical. Con
tal colección del martirio, puede justificar cualquier crueldad e
irrespeto de esos jóvenes hacia quienes no piensen igual; niños apenas,
saliendo a golpear e injuriar mujeres indefensas que lleven un gladiolo
en sus manos como arma; jóvenes que piensen, sientan y sobre todo actúen
sin remordimientos contra quienes, tan cubanos como ellos, no comulguen
con ideas comunistas. Es el principio del totalitarismo: lo que no
piense como yo es una cucaracha, un gusano, un escuálido, y merece ser
exterminado.

Hay algo, sin embargo, que el profesor también debería recordar, por
oficio: quien siembra odio y abre con saña las heridas del pasado, es
tan torturador como al que critica; y de alguna manera hace girar hacia
sí el resentimiento y la beligerancia de los demás. Sucede con los
padres divorciados, cuando uno habla mal del otro a su hijo: tarde o
temprano el "odiador" termina siendo el odiado. El profesor debe saber
que del lado de acá también hay muchos exprisioneros, miles de historias
para contar. Si solo una mínima cantidad fuera cierta, no alcanzarían
los museos del horror en esta otra orilla.

Source: El horror como único pasado | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1474304246_25425.html
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