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Sunday, September 25, 2016

El Efficciency

El Efficciency
CAMILO LORET DE MOLA | Miami | 25 de Septiembre de 2016 - 09:51 CEST.

El hijo de Aldo aprovechó el almuerzo del domingo para "soltar la
podrida": se va a vivir solo, tiene palabreado un lugar y es cuestión de
días para que se lo entreguen.

Padre e hijo llegaron hace ocho meses a Miami y comenzaron a organizar
sus vidas gracias a la nueva pareja de Aldo, una miamense de buen
corazón que no hizo distinciones entre el "toro" y el "ternero".
Enamorada del padre, no puso peros y los recibió a los dos en su casa.

Es la misma mujer que sin percatarse de lo contrariado que está Aldo,
aplaude emocionada el anuncio de que el muchacho se marcha.

La miamense detiene su efusividad ante la falta de respaldo y como no
entiende lo que pasa, vuelve a concentrarse en la comida. Entre bocado y
bocado le ofrece la casa al hijo, nuevamente, "por si no puedes, por si
hay regreso", le dice asintiendo al mismo tiempo con la cabeza y con la
mano del tenedor.

Aldo empuja su plato, de repente perdió el apetito, "al menos espero que
me expliques cómo harás para pagarlo", le reprocha, "y que me enseñes el
lugar antes de mudarte".

"Aahh papá", dice el muchacho burlón y le acerca el plato que acaba de
rechazar, "come tranquilo que estoy hablando de un efficiency, no de un
palacio".

Efficiency, así es como se conocen los locales de renta más baratos en
el mercado de Miami. Un eufemismo que pretende engrandecer, al menos en
términos, el garaje de una casa transformado en habitación.

Hay efficiencies en todas las esquinas de Miami, son como una plaga que
se extiende desde las elegantes manzanas de Coral Gables, hasta los
edificios abarrotados de Hialeah. Pero por muy diferentes que sean los
barrios, los inquilinos de estos cuartuchos siempre son iguales: gente
acabada de llegar, matrimonios dispuestos a "comerse un tren de marcha
atrás", o tipos solos, "haciendo agua y carbón" para reunir lo
suficiente y traer a la pareja que tanto extrañan.

No hay mucho lujo en el interior de un efficency, pero siempre huelen a
empeño, a disposición.

Aldo sabe de estos pequeños apartamentos por "el idioma de los
balseros", así le dicen en Miami a los disparates de los cubanos recién
llegados y de poco inglés. Un compendio de palabras mal dichas que hacen
las delicias de quienes presumen años en el exilio.

En estos ocho meses varias veces se han reído de él por bautizar una
autopista como "tunpaique", decirle a los bonos de comida "fustan" o
referirse a los efficiencys como "fichens".

Su mujer le insiste en manejar su desgracia a largo plazo. "Aquí hay que
pagar el derecho de piso, tienes que aguantar burlas y hasta ignorar el
abuso de los jefes", le dice cada mañana, mientras le alcanza las botas
de trabajo.

Aldo ya asimiló que no hay nada excepcional en su aparente desdicha,
tiene claro que es uno más en la lista de médicos, ingenieros y abogados
que renacen como constructores, camareros y empleados de poca monta.

"Aquí hay que hacer de todo, ser multitask, que es como tener varios
oficios a la vez", le explicaba su pareja, "ya verás que en unos años me
vas a dar la razón".

Aldo se siente ahogado en el efficiency, se le antoja pequeño y
oscuro, a pesar de la puerta abierta de par en par. La única ventana del
lugar está tapada por el cajón oxidado de un aire acondicionado que
suena más de lo que enfría. El baño se ve viejo y maltratado.

Como padre Aldo se cree obligado y se enreda en una discusión con los
dueños, reclamando mejoras y reparaciones. El muchacho, nervioso, le
pide que le deje resolverlo solo, "papá, por favor, no me lo jodas".

Resignado, se aleja y espera en el estacionamiento mientras el hijo
cierra tratos, entrega depósitos y recoge las llaves.

Desde allí comprueba que el efficiency tiene espacio para dos vehículos,
"algo que sobra", comenta en su soledad y lo que trata de ser una risa
burlona se transforma en un sollozo incontrolable.

Sin proponérselo, Aldo comienza a llorar, una humedad que resucita
sensaciones infantiles.

Está llorando como cuando se cortó con un vidrio que alguien tiró en la
fuente del barrio, o como aquella vez que se partió el brazo por hacer
maromas en un árbol.

El llanto le hace recordar la mirada lasciva del ortopédico que lo
atendió, "el cúbito y el radio", le decía a la madre mientras mostraba
la placa. Entre lamento y gimoteo, un Aldo de cinco cuartas vigilaba la
familiaridad que aquel tipo se tomaba y que despertaban sus celos de
Edipo infante.

Al final no recuerda si lloraba por el dolor del brazo o por no poder
defender a su madre de los avances irrespetuosos de aquel médico de turno.

43 años después y a 90 millas de distancia, Aldo vuelve a llorar con
igual fuerza y siente la misma impotencia.

Este lunes su mujer le dedica un tratamiento especial, le acompaña hasta
el camión y además de repetirle los consejos habituales sobre
multioficios y tolerancia, le pide que se transforme en un rostro de
piedra, "te toca ser duro, fuerte, sin sentimientos, solo así pasa
rápido esta primera etapa".

Aldo es buen chofer, con habilidad se incorpora al expressway de nombre
impronunciable, esa autopista mágica que conduce a todos los lugares de
Miami.

Va calmado, tranquilo, seguro de que prefiere sufrir antes que comprarse
el alma de concreto que le propone su mujer.

Aldo tiene claro que aunque se esfuerce por cambiarlo todo, hay cosas a
las que nunca renunciará, como llorar por su hijo, ese muchacho que hoy,
por primera vez, amanece fuera de su alcance.

Siente de nuevo el ardor de las lágrimas, pero no se detiene, no puede.
Sigue su ruta, maneja y llora... llora y sonríe... todo al mismo
tiempo... "¡Coño lo logré!, ¡soy multitask!", grita y acelera para
aprovechar un pequeño hueco que, de repente, se formó a la derecha,
entre dos autos.

Así va Aldo esta mañana, como muchos otros choferes que no conoce y
nunca conocerá, con el volumen del radio a todo lo que da, tratando de
no pensar en lo que le agobia, avanzando a trompicones entre
interminables filas de autos y sollozando, incontrolablemente, como
aquel día en que se cortó en la fuente, como aquella tarde cuando, en
medio de una murumaca, se cayó del árbol.

Source: El Efficciency | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1474648782_25509.html
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