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Sunday, August 21, 2016

Los hijos del hombre nuevo

Los hijos del hombre nuevo
De niña esperaba con ansias la llegada de julio y agosto para entrar en
el sorteo que me haría adquirir los únicos tres juguetes anuales que
servirían como herramienta a mi imaginación
WENDY GUERRA
21 AGO 2016 - 00:05 CEST

De niña esperaba con ansias la llegada de julio y agosto para entrar en
el sorteo que me haría adquirir los únicos tres juguetes anuales que
servirían como herramienta a mi imaginación hasta el próximo verano.

Tres tiques: Básico, no Básico y Dirigido nos traerían los juguetes y,
con ellos, la fantasía que todo el año deberíamos cuidar como oro.

Dicen que desde 1959 en Cuba no existen las clases sociales. Pero no
tengo ningún amigo, conocido o familiar que consiguiera una bicicleta,
un carrito de bomberos o una máquina de coser en el sorteo socialista.
Esos primeros números de la suerte estaban reservados a personas
selectas con las que nunca intimé.

¿A qué y con qué jugábamos y soñábamos nosotros?

Nos bañamos en los aguaceros, nos guindamos de los carros, fuimos
felices subidos en los árboles; nuestra diversión era bañarnos en las
playas, nadar en los ríos y la gran utopía: conocer Varadero. Entonces
existía el Campamento Internacional de Varadero 26 de julio, que hoy es
un hotel para turistas.

Pasaba mis veranos leyendo, contando los días para ser una cifra más
entre los campistas populares. Fuimos parte del experimento social,
seres adoctrinados para no demandar nada a nuestros padres, quienes muy
poco tenían para darnos. ¡Todo sea por la revolución, por el futuro!

He aquí el futuro…

¿Con qué juegan y se divierten los hijos del hombre nuevo?

Con juguetes heredados, regalos que mandan del exilio familiares o con
las famosas chivichanas y patines que reinventan, innovan, los padres y
abuelos.

Existen espectáculos de guiñol, cursos de pintura y música, pero para
acceder a ellos, para llegar a las playas y a los museos, se necesita un
transporte público que hoy es incapturable, para moverse fluidamente por
la ciudad, comer, beber y pagar los servicios básicos es necesario tener
moneda dura.

¿De dónde viene esa moneda? Del sector privado en el que trabaja la
menor parte del pueblo: los trabajadores por cuenta propia. De la remesa
familiar, de Miami o de cualquier parte del mundo donde viva un cubano.
Robando y vendiendo, "resolviendo".

Aquí los niños son demasiado adultos, testigos conscientes e
involucrados. No creen en Santa Claus, no esperan milagros.

¿Qué desean hoy muchos niños cubanos? Una carta de invitación, una visa
urgente, un avión, un barco, una salida al mar para que su padre, el
hombre nuevo, encuentre una solución a los problemas familiares de este
y los próximos veranos.

Source: Los hijos del hombre nuevo | Cultura | EL PAÍS -
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/20/actualidad/1471703853_540924.html
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