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Thursday, August 18, 2016

Farsa y bochorno en la discusión sobre Cuba

Farsa y bochorno en la discusión sobre Cuba
Cabe la sospecha de que tanto Washington como La Habana prefieran
contribuir, aquí y allá, al esperpento como mecanismo para garantizar la
inmovilidad
Alejandro Armengol, Miami | 18/08/2016 11:47 am

El encuentro televisivo reciente —llamarlo "debate" es tergiversar la
palabra— entre José Daniel Ferrer y Edmundo García, conducido por la
periodista María Elvira Salazar en Mega TV, evidenció el despetronque,
desde el punto de vista político e ideológico, en que ha caído del tema
cubano.
El objetivo loable de poner a dialogar a dos figuras, mediáticas para
los estándares de Miami, sirvió una vez más para poner al descubierto
—pese o gracias al interés por conquistar audiencia de la emisora— ese
descenso vertiginoso que desde hace años experimentan ambos extremos del
espectro político referido a Cuba. Lo que se intentó presentar como
discusión se redujo casi siempre, y por ambas partes, a un intercambio
de lugares comunes, frases hechas, reproches manidos e intentos vanos de
desacreditación mutua.
Lo lamentable no es lo que dicho despliegue de necedad pudiera
representar para el futuro de la isla, porque en resumidas cuentas los
interlocutores poco significan para dicho futuro, más allá de cierto rol
limitado al espectáculo local, sino la contribución a limitar cada vez
más la discusión visible sobre la situación cubana al choteo elevado a
la categoría de problemática nacional. Por omisión, sumisión o desdén al
enfoque serio, el fenómeno se repite en ambas costas del estrecho de la
Florida. Interminables loas al "Comandante en Jefe en la prensa oficial
de la isla; banalidad en la televisión de esta ciudad.
Bajo esa óptica, cabe la sospecha de que tanto Washington como La Habana
prefieren contribuir, aquí y allá, al esperpento como mecanismo de
inmovilidad: con figuras así —elegidas no por su capacidad de referir
sino por la posibilidad financiera que les permite desempeñar tal papel—
poca ilusión queda para abandonar la espera.
Más lamentable aún si se toma en cuenta que los dos personajes aparentan
simbolizar, o al menos juegan dentro de escenarios surgidos en fechas
relativamente reciente, y que con su presencia —por edad, historial y
supuestos grupos de referencia— serían, pudieran o aspiran a convertirse
en nuevos actores dentro de dicha problemática.
Ese posible activismo —no importa que se ejerza de una manera clara o se
encubra desde el ejercicio periodístico— ha nacido viciado por un
aspecto que los delata, en acciones más que en palabras. En ambos casos
sus posiciones, aparentemente asumidas de cara a situaciones nuevas —el
ejercicio de una oposición pacífica a pesar de la fuerte represión en la
isla y la práctica de un discurso acorde a La Habana en la ciudad de
Miami—, no se trasladan a una práctica innovadora, porque esos supuestos
marcos de referencia con los que intentan fundamentar su discurso no se
complementan con su base de sustentación.
En última instancia todo se reduce a que sus grupos de referencia no son
los mismos que sus grupos de pertenencia.
Es por ello que el supuesto debate, en vez de girar sobre la Cuba del
presente y del futuro, volvió a caer una y otra vez en el pasado.
Dentro de lo que podría caracterizarse como dinámica del intercambio,
García dominó a las claras. No solo por su capacidad para lo que podrían
considerarse los mecanismos de este tipo de debate en Miami, sino
fundamentalmente por la incapacidad de su oponente para trascender esos
términos. Fue capaz de llevar al titubeo a Ferrer sobre el tema Posada
Carriles, cuando la respuesta clara e inmediata de este debió haber sido
el deslindarse de una figura con la cual no solo no es posible
identificarlo de forma directa, sino que resulta completamente ajena en
estos momentos a la situación cubana. Consiguió además que Salazar se
desdijera sobre la "golpizas" en los videos de las manifestaciones
opositoras. Supo aprovecharse de un viejo vicio del discurso de exilio:
repetir clichés, frases hechas y sin sustentación en imitación a lo que
se hace en Cuba: el discurso democrático exige responsabilidad, incluso
en Miami.
Remitir a Posada Carriles, aprovechando y dando por sabido el nexo en el
pasado de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) con el
terrorista, es una trampa recurrente, pero también fácil de
desenmascarar: en la actualidad los fondos de Washington al grupo de los
derechos humanos de dicha organización no se destinan a acciones
terroristas. Puede cuestionarse la dependencia dichos fondos, pero dicho
cuestionamiento no debe incluir una vinculación con el terrorismo. Si el
actual Gobierno estadounidense ha sacado a Cuba de la lista de países
terrorista, por qué La Habana no hace lo propio y saca de "su lista" a
la FNCA. Si argumentar sobre el pasado no es válido cuando se trata de
valorar en ese terreno al régimen cubano, por qué es válido referirse a
esa otra época para el otro bando.
García, que este aspecto de la discusión pudo recurrir impunemente a la
mentira —negar que el terrorismo en las ciudades fuera una práctica del
Movimiento 26 de Julio para aliviar la presión de la lucha en las
montañas—, ante la falta de respuesta apropiada de Ferrer, por
desconocimiento o desinterés.
Lástima que ambos no supieran —o no pudieran— escapar de dicho encierro,
cuando precisamente ha sido el cambio de situación generado a partir de
una nueva actitud por parte de la Casa Blanca lo que les ha permitido a
los dos ampliar su presencia ante las cámaras de la televisión de Miami.
Es por eso que, a falta de planteamientos serios sobre lo que ocurre en
Cuba, la discusión se limitó a los intentos de descaracterizar al
contrario, el retroceso a trincheras vacías, incluso el chiste ocasional
y una lamentable ausencia de guardar las distancias. Todo ello pese a
los esfuerzos, en ocasiones inútiles, de la moderadora.
Si se recuerda, como ya se ha señalado, que la misma periodista
participó en un debate entre Ricardo Alarcón, entonces presidente de la
Asamblea Nacional del Poder Popular, y Jorge Más Canosa, en esa época
chairman de la FNCA, poca esperanza queda.
Repetir que el envejecimiento del proceso cubano ha afectado no solo los
círculos del poder en Miami, sino también al liderazgo del exilio y de
la oposición pacífica no pasa de una perogrullada. Pero constatar ese
deterioro no debe dejar de alarmarnos.
Se puede argumentar que la remisión al pasado resulta inevitable ante la
permanencia del sistema establecido tras el 1ro. de enero de 1959. Cabe
señalar que ambas esferas cuentan con representantes de mayor calibre
intelectual. Nada de ello elimina el destacar que el descenso a niveles
de sobrevivencia elemental, al referirse a Cuba, empaña el propio objeto
de discusión.
Jorge Mañach, en su Indagación del choteo, criticó las funestas
consecuencias —en el orden moral y cultural— de una práctica que no
podía justificarse sino como "un resabio infantil de un pueblo que
todavía no ha tenido tiempo de madurar por su cuenta"; desde "el
arribista intelectual que ha sentado plaza de maestro" hasta "el
político con antecedentes impublicables".
Lo peor no es convertir la política en broma, algo que puede resultar
saludable, sino limitar el discurso a una broma transformada en política.

Source: Farsa y bochorno en la discusión sobre Cuba - Artículos -
Opinión - Cuba Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/farsa-y-bochorno-en-la-discusion-sobre-cuba-326329
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