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Tuesday, August 16, 2016

El deshielo llegó muy tarde a Cuba

El deshielo llegó muy tarde a Cuba
YOANI SÁNCHEZ
14ymedio

LA HABANA
La niña llora en la cuna y la madre le canta para consolarla. Tiene
apenas tres meses de nacida y se llama Michelle, como la esposa de
Barack Obama. Esta pequeña habanera, que todavía lacta y duerme la mayor
parte del día, vino al mundo después del armisticio: es hija de la
tregua entre los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos. Una criatura sin
el exceso de fobias ideológicas ni odios mezquinos en su horizonte.

En los libros de historia que leerán los contemporáneos de Michelle,
estos meses posteriores al 17 de diciembre del 2014 quedarán en unas
pocas líneas. En esos resúmenes hechos a posteriori primará el tono
optimista, como si toda la isla, varada por décadas a un lado de la
carretera, hubiera retomado desde ese momento el rumbo, hubiera puesto
el pie en el acelerador y recuperado el tiempo perdido. Pero, para
muchos, vivir la reconciliación es menos heroico y grandilocuente que
protagonizar una batalla.

El proceso que los analistas compararán un día con la caída del muro de
Berlín y quizás definan con nombres rimbombantes como el fin del telón
de azúcar, la muerte de la revolución o el momento en que estalló la
paz, pierde ahora brillo, enfrentado a la desgastante cotidianidad. La
tregua, eso sí, apaciguó el ruido de las consignas y ha permitido que se
escuche el persistente zumbido de las carencias y de la falta de libertad.

Aquella jornada en que el gobernante de Cuba y de EEUU anunciaron el
comienzo de la normalización de relaciones ha quedado ubicada en el
pasado. Será referencia para historiadores y analistas, pero significa
poco para quienes se enfrentan a la decisión de pasar el resto de la
vida a la espera de que "esto se arregle" u optar por la escapada hacia
cualquier confín del mundo.

El 17-D hizo crecer las aprensiones sobre el fin de la Ley de Ajuste
Cubano. Disparó la cifra de cubanos que desde ese momento y hasta la
fecha han entrado a Estados Unidos a través de los puntos fronterizos y
que ha llegado a 84,468, mientras que otros 10,248 lo han intentado
cruzando el mar. La popular e irónica frase de que el último que se vaya
de la Isla "apague el Morro" de La Habana, cobra tintes de presagio ante
esos números.

¿Por qué no se quedan en el país si el deshielo promete una vida mejor o
al menos una relación más fluida y provechosa con Estados Unidos? Porque
el 17-D llegó demasiado tarde para muchos, entre ellos las varias
generaciones de cubanos que debieron romper lanzas contra el vecino del
Norte, gritar consignas antiimperialistas durante la mayor parte de su
vida y secundar al gobernante Raúl Castro en su batalla personal contra
la Casa Blanca. No confían en las promesas, porque han visto muchos
pronósticos positivos que quedaron solo en el papel y en la mística de
un discurso, pero no influyeron sobre los platos ni en los bolsillos.

Después de la prolongada escaramuza de más de medio siglo entre 11
Administraciones norteamericanas y dos gobernantes cubanos con el mismo
apellido, a la nación le ha llegado el cansancio. La adrenalina de la
batalla ha cedido al hastío y a una pregunta que se abre paso en la
mente de millones de cubanos: ¿Y todo fue para esto?

Convencer de que valieron la pena las confiscaciones de empresas
estadounidenses, los insultos diplomáticos, el concubinato con la Unión
Soviética y tantas caricaturas que ridiculizaban a Nixon, Carter, Reagan
y Bush, resulta difícil incluso para una propaganda oficial que controla
todos los diarios, estaciones de radio y canales televisivos del país.

La bandera estadounidense izada hace justo un año, el 14 de agosto del
2015, en la Embajada de Estados Unidos en La Habana, puso punto final a
una era de trincheras y dejó al eterno soldado que ha sido el gobierno
cubano con el Kaláshnikov aún caliente y una marcada incapacidad para
vivir en tiempos de paz. Está preparado para la confrontación pero su
inoperancia queda en evidencia en tiempos de armisticio.

En su retiro de convaleciente, Fidel Castro observa cómo el país que
moldeó a su imagen y semejanza se le va de las manos. El hombre que
controló cada detalle de la vida de los cubanos, no puede influir en la
manera en que será recordado. Algunos se apuran a endiosarlo; otros
afilan los argumentos para el desmontaje de su mito, y la gran mayoría
lo olvida en vida: lo sepulta aún respirando.

Los niños que han nacido desde el 31 de julio del 2006, en que se
anunció la enfermedad de Castro, solo han visto al ex gobernante en
fotos o materiales de archivo. Son los que no tendrán que declamar
versos encendidos frente a él en algún acto patriótico, ni formar parte
de los experimentos sociales que salgan de la materia gris que cubre
bajo su gorra verde olivo. Habitan la era posfidelista, lo cual no
quiere decir que se hayan librado totalmente de su influencia.

Por décadas, el cisma que ha causado el liderazgo autoritario de este
hijo de gallego, nacido en el oriental poblado de Birán, sigue
dividiendo a los cubanos y enfrentando a las familias. La estela de la
crispación que ha agregado a la identidad nacional, otrora desenfadada,
se extenderá por largo tiempo. Habrá un antes y un después de Castro,
para los seguidores del credo de la tozudez política que ha cultivado,
pero también para quienes respiren aliviados cuando ya no esté.

El 90º cumpleaños del gobernante Fidel Castro, celebrado el 13 de agosto
entre vítores y una alta dosis de culto a la personalidad, tiene todas
las trazas de ser su despedida. Ahora sus propios familiares más
cercanos deben estar explorando el calendario para elegir la fecha en
que se anuncie el funeral, porque un muerto tan grande no cabe en
cualquier día. Así que seleccionarán una jornada que no esté ocupada por
el recuerdo de alguna ofensiva en la que participó, una obra que
inauguró o algún larguísimo discurso con el que hipnotizó a la audiencia.

No hará falta, en este caso, desconectar aparatos ni dejar de
administrar medicamentos. Para decirle el adiós definitivo bastará con
darle su medida humana. Olvidar todos aquellos epítetos que lo
ensalzaban como "padre de todos los cubanos", "visionario", "impulsor de
la medicina" en la isla, "modelo de periodista", iniciador de la
"voluntad hidráulica", "eterno guerrillero", "constructor mayor" y un
larguísimo etcétera de títulos grandilocuentes que se han escuchado en
los días previos a su cumpleaños.

Fidel Castro y Michelle, la pequeña bebé que nació tras la visita de
Barack Obama a la isla, estarán juntos en los libros de historia. Él
quedará atrapado en el volumen dedicado al siglo XX, aunque haya hecho
todo lo posible por colar su nombre en cada página dedicada a esta
nación. Ella protagonizará, junto a otros millones de cubanos, un
capítulo sin cruentas batallas diplomáticas ni enfrentamientos estériles.

Source: El deshielo llegó muy tarde a Cuba | El Nuevo Herald -
http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article95841392.html
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