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Friday, August 12, 2016

Cuba la república de militares y estudiantes, sus intrigas y masacres

Cuba la república de militares y estudiantes, sus intrigas y masacres
agosto 11, 2016 2:39 am

Bienne, Suiza, Carlos Wotzkow, (PD) Hace un par de meses recibí un
ejemplar de "Cuba: La República de Militares y Estudiantes" de Roberto
A. Solera. Varias razones me obligaron a posponer su lectura, pero creo
que la alergia a lo mucho que se escribe sobre Cuba fue la razón
primordial para dejarlo a un lado.

Hoy llueve a cántaros, y viajo hacia un inmenso lago, el Leman, con el
Hummer cargado de equipos de buceo. Voy escuchando la radio y el
entrevistado, que parece ser un hombre de vasta cultura, habla sobre lo
poco que los jóvenes suizos se interesan por la historia de la
Confederación Helvética. Es así que recuerdo el libro de Solera al que,
impenitente, he dejado empolvar entre otros aún no leídos.

Yo no he leído todo lo que Roberto Solera ha escrito, pero este, como el
anterior (Cuba: La República de Generales y Doctores), sirve de
magnífico recordatorio sobre los conflictos y las contingencias que
dieron cierta lógica a la desastrosa historia de Cuba.

Las relaciones de los políticos cubanos y los diplomáticos
estadounidenses es expuesta desde las primeras páginas, como si en
nuestra impronta genética existiera una tendencia a renunciar a la
soberanía nacional.
Primero, ante los españoles, luego frente a los norteamericanos y
finalmente, en mi época, al servicio de los rusos.

Solera posee una narrativa muy efectiva a la hora de mostrarnos cómo el
cubano maltrata a su Patria y cómo, por ejemplo, se creaban y deshacían
alianzas, o se imponían doctrinas no acordes a los propios estatutos
establecidos.

En esta Cuba republicana, excesos y defectos diseñan una economía al
servicio del naciente Ejército, y los impuestos y saldos de la deuda
internacional se rigen por el deseo de disfrutar en una piscina llena
con champán, o para asesinar a unos cuantos pobres diablos en cualquier
esquina habanera.

Solera nos permite ver una república que, salvo en raras excepciones,
eleva impuestos para costear el Ejército y favorecer un Senado de
desvergonzados. El poder no se sufraga él mismo, mucho menos en una isla
en la que todos sus gobiernos (desde la independencia) han dependido del
Ejército.

No profundiza Solera en este aspecto de la economía cubana, pero su
forma de narrar los hechos e intrigas políticas, proveen un instructivo
mensaje en cada línea. Cuba es, durante los años que abarca el libro, un
experimento cargado de descrédito para todos sus gobernantes.

Nadie muestra mejor que Roberto Solera esa cubanísima tendencia al
"quitate tú pa' ponerme yo" que caracteriza nuestra historia política.

Solera, cuidadosamente, se inhibe de expresar en cada caso sus
prejuicios o puntos de vista. Con ello, el autor ofrece una remarcable
neutralidad en la presentación de hechos que demandan ser destacados, o
de aquéllos que sin apuro van a ser ignorados por irrelevantes. No, en
este libro Solera no estará siempre a tu lado diciéndote con quién él
empatiza, pero si uno le dedica tiempo e interés a la lectura,
cualquiera notará esa fatídica característica cubana de amor y respeto
por la intriga y el poder.

Después de un buceo profundo en un oscuro lago suizo, un libro como el
de Solera sobre una Cuba desconocida logra aclararme el día. Claro está,
que uno debe amar a Cuba (y amarla mucho) para leer con deseo cada una
de sus páginas, pero el que lo hace termina aprendiendo algo más de
historia gracias a un autor que sabe muy bien cómo contarla.

A mis 55 años no puedo más que agradecer a Roberto el permitirme saber
de las múltiples versiones sobre el ataque a Atarés, de los judíos
rechazados por Laredo Brú, de barcos y de capitanes cubanos y alemanes,
de espías nazis fusilados, o de movimientos y agrupaciones políticas,
cartas, ideas y testimonios de hombres cuyos nombres nunca antes escuché
mencionar.

No me atrajo tanto aprender un poco más sobre Machado, Batista, Grau,
Guiteras, Prío, como hacerlo sobre "el chacal de Oriente', el "Tiburón"
Gómez, los capitanes Schröder y Ramírez, Grobart, Luning, Elsa (la de la
ducha), Lemus, el Colorado, el Manquito, la reconcentración de japoneses
y alemanes en Isla de Pinos y otros hechos y personajes desconocidos por mí.

¡Dios mio! No hay en este libro una sola figura cubana que en la época
atesore un gramo de honra en su arsenal moral. Los políticos cubanos de
la República de Militares y Estudiantes poseen ideologías y conductas
impredecibles. Unas veces actúan como caricaturas de extrema izquierda y
otras son aliados de la extrema derecha. Parlanchines de prosa molesta
casi todos, como hoy en los EEUU, siempre denigrando al adversario. Todo
un emético catálogo de sucios acuerdos, falsos compromisos e hipócritas
promesas para al final obtener un nauseabundo resultado. Jamás llega uno
a comprenderles hasta que otros testigos, con alabanzas o injurias,
hablan de ellos. Y tengo que admitirlo, en algunas ocasiones disfruta
uno la otra opinión.

Los malos gritan más, dice un dicho, y en este libro todos gritan hasta
la ronquera. Al final, una buena parte de ellos muere como mismo
vivieron: a balazos. Y a balazos también asesinan a Cuba, hija del caos.

Esta vez languidece nuestra isla herida en su alma, pero como sabemos,
más tarde sucumbirá a la septicemia del castrismo, no sólo el de los
militares sino también el de los apellidos.

Gracias a todos los egoístas que menciona el libro es que surgen los
hermanos Castro, elevando la inmundicia insurreccional de algunos
matarifes a la categoría de mártires, a pesar de que la muerte de la
República es causada por algo tan depravado y sórdido como el poder y el
ego.

Este libro me enseña, de punta a cabo, que el cubano era ya en esa época
una raza cansada.

No sé si Solera planea escribir sobre los años que siguen, pero ya
quiero leer su próxima entrega. Empiezan a interesarme los recovecos del
chanchullo y no hay nada mejor que el último capítulo.

Quiero comparar mis vivencias con sus minuciosas búsquedas. Quiero
aprender más sobre el mito y quiero hacerlo de la mano de un autor cuyos
textos pueden hacer de una historia compleja una anécdota muy clara.

Solera aporta luz a la historia de Cuba y muestra a los edulcorados
asesinos tal y como son. Solera es tan riguroso como imparcial (yo no
pudiera) cuando describe la hecatombe cubana. Como si se tratase de un
científico entrenado, se basa en documentos originales y realiza
entrevistas que hacen de su libro un documento original, una versión
histórica para descubrir por vez primera.

Si alguna nota de insatisfacción debiera ser aireada sobre el libro,
estoy seguro vendrá de otra pluma. Ciertamente hay muy poco de admirable
y de atractivo en la historia de Cuba, al menos eso es lo que pienso a
25 años de haber salido de la isla, pero este libro me retiene hasta el
final. Es parte de la cultura cubana que nos digan la opinión que
debemos tener sobre lo 'bailao', pero Solera no se lo permite y nos
brinda un documento histórico que educa con erudición. Sólo él es capaz
de exponer la mitología que habla de la lucha por el poder y cuya larga
masacre y hechos propiciaron más tarde la peor de todas nuestras dictaduras.

Con este nuevo libro, Roberto Solera adjudica otra excelente nota a su
largo curriculum de rigurosidad histórica y periodística.
primaveradigital2011@gmail.com Carlos Wotzkow

Source: Cuba la república de militares y estudiantes, sus intrigas y
masacres | Primavera Digital -
http://primaveradigital.net/cuba-la-republica-de-militares-y-estudiantes-sus-intrigas-y-masacres/
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