2007-03-12.
Oscar Espinosa Chepe, Economista y Periodista Independiente
La Habana, 12 de Marzo de 2007. Los días 18, 19 y 20 de marzo se
conmemora el cuarto aniversario de la represión desatada por el Gobierno
de Cuba contra economistas, periodistas y bibliotecarios independientes,
así como activista de derechos humanos, conocida como la Primavera Negra
de 2003.
Entonces condujeron a pacíficas personas a los calabozos de Villa
Marista y otros cuarteles de la Seguridad del Estado, policía política
cubana, únicamente por expresar sus ideas pacíficamente y reclamar el
respeto de los derechos humanos. Hoy es más evidente aún que la
arremetida represiva estuvo preparada con mucha antelación por un
régimen alarmado por el curso de la situación en el país.
Como se recordará, la disidencia había salido discreta y pacíficamente a
las calles y recogido miles de firmas de los ciudadanos para el Proyecto
Varela, en apoyo a la convocatoria de un referéndum basado en la
Constitución de Cuba (artículos 63 y 88, inciso g) para que se otorgara
el derecho a la libertad de expresión, reunión y asociación, el permiso
a los nacionales para poseer negocios privados, la libertad de los
prisioneros políticos pacíficos y la introducción de cambios al
antidemocrático código electoral vigente, todo en un marco muy pacífico.
Mucho le inquietaba al Gobierno el auge del periodismo independiente y
la existencia de la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling, que
llegó a publicar dos números de la revista De Cuba a fines de 2002.
Constituía gran preocupación para el totalitarismo que tanto el Proyecto
Varela como los trabajos de la Sociedad eran absolutamente
independientes de injerencias externas y, por tanto, difíciles de atacar
con el argumento utilizado durante tantos años de que las actividades de
la oposición se debían a mandatos del enemigo extranjero.
Para enfrentar las propuestas del Proyecto Varela introdujeron una
modificación en la Constitución, declarando el "socialismo
irreversible". Esa manipulación no tuvo ningún éxito en la opinión
pública nacional e internacional, pues se conoce que las votaciones en
Cuba son impuestas y quien no comparece debe encarar muy serias
consecuencias.
En ese contexto de auge y aumento del prestigio de la disidencia, e
incremento del disgusto popular debido a tantos años de desbarajuste
económico y social, para enfrentar esta realidad el Gobierno realizó una
campaña de calumnias contra los opositores pacíficos, calificándolos de
agentes al servicio de los Estados Unidos. Para ello, muchas semanas
antes de los arrestos, utilizaron profusamente la radio y la televisión
mediante las Mesas Redondas, y activaron a sus agentes y provocadores
infiltrados en la oposición.
Promovieron reuniones, cuya culminación fue el Taller de Ética
Periodística, efectuado en la Residencia del Jefe de la Sección de
Intereses de Estados Unidos, donde casi todas las Comisiones fueron
presididas por personas que posteriormente destaparon como agentes de la
Seguridad del Estado. Ese taller posteriormente fue utilizado como
supuesta prueba de los vínculos de la prensa independiente con el
mandato yankee. No obstante, resultó que de los 25 periodistas
independientes apresados, 20 eran miembros de la Sociedad de Periodistas
Manuel Márquez Sterling, pero sólo unos 4 realmente habían asistido a
esa reunión por decisión estrictamente personal.
Quien dude sobre la intención de ese encuentro de servir como
provocación, puede consultar el libro Los Disidentes escrito para la
ocasión por Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, conocidos periodistas
oficiales. Preparadas todas las condiciones para lanzar la operación
represiva, con el fin verdadero de atemorizar al pueblo y sus
aspiraciones de libertad, estalló la Guerra en Irak.
Con el cálculo de que la opinión pública internacional estaría
concentrada en los acontecimientos en el Medio Oriente, procedieron.
Craso error, porque inmediatamente el mundo se pronunció enérgicamente
contra los arrestos masivos en Cuba, incluidas personas que hasta ese
momento habían respaldado ciegamente al régimen, con lo cual sufrió la
más seria derrota política de su prolonga existencia, al quedar al
descubierto su naturaleza fascistoide y represiva.
Siguieron juicios sumarísimos falseados y largas condenas en cárceles
con condiciones infrahumanas, a cientos de kilómetros de distancia de
sus hogares para al mismo tiempo castigar cruelmente a sus familias.
Actualmente 59 de los 75 permanecen en prisión; 11 con licencia
extrapenal por enfermedad pueden ser retornados en cualquier momento y
Miguel Valdés Tamayo falleció el 10 de Enero pasado en un hospital de La
Habana, y no pudo viajar a Holanda y Estados Unidos porque el Gobierno
cubano no le dio permiso de salida. 4 residen actualmente en el extranjero.
Los esfuerzos por lograr la completa liberación inmediata e
incondicional de los 75 prosiguen, así como de los demás prisioneros de
conciencia y políticos pacíficos. Mientras, el régimen continúa su
represión y tácticas de utilizar el enemigo externo para encubrir sus
propósitos. Por ello, todo lo que coadyuve a brindar pretextos al
Gobierno de Cuba en ese sentido, debe ser evitado. De ninguna manera se
trata de que la disidencia deje de tener contactos con gobiernos y
amigos del extranjero, pero debe evitarse cualquier resquicio que dé
oportunidad de confusión en un país donde el control de la propaganda es
absoluto, condición que les permite mentir y tergiversar, confundiendo a
una opinión pública interna sin acceso a información veraz e imparcial.
La situación económica, social y política empeora constantemente y en
consecuencia se incrementa el descontento de la población. Algunos
sectores que por años permanecieron silenciosos, como los intelectuales,
empiezan a dar sus criterios sobre la desgarradora situación imperante.
En este contexto, no sería sorpresa que el gobierno acometa otro golpe
contra la disidencia, con el fin de aterrorizar a la sociedad.
Existen síntomas evidentes de que al menos los "sectores duros" lo
promueven. La reciente expulsión de tres corresponsales extranjeros
permanentes en La Habana y la creación de mayores controles a los que
continúan acreditados, indica claramente esa tendencia.
Una nueva Primavera Negra no es descartable.
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